El zar se confirma

El zar se confirma

Marzo 19, 2018 - 11:50 p.m. Por: Editorial .

“Un presidente fuerte, un país fuerte”. Con ese lema, que simboliza su política nacionalista y de confrontación, Vladimir Putin consolidó su cuarto mandato. En unas elecciones previsibles, el hombre más poderoso de Rusia extenderá su mandato hasta el 2024, sin que sepa aún si no habrá una modificación en la Constitución que le permita quedarse por otros seis años más.

Nadie ponía en duda el triunfo del zar. El poder que ejerce sobre las instituciones le permitieron, incluso, no hacer campaña. El único encuentro con sus seguidores se produjo en un estadio de Moscú y duró apenas seis minutos. No hizo debates, no se enfrentó a sus rivales ni viajó por el país para explicar sus propuestas. Putin controla todo el aparato del Estado y lo único que buscaba era tener una fachada democrática. La farsa de estas elecciones llegó a que se denunciara que algunos de los otros seis candidatos eran ‘fletados’ por el propio Kremlin.

Sin embargo, tampoco hay que llamarse a engaños. La popularidad de Putin es incontrastable y a lo largo de sus 25 años de vida pública siempre ha conquistado el corazón de los ciudadanos. Muchos de ellos aún sueñan con el gran país, controlador de vidas y que inspira miedo en el resto del mundo.

Con el 76,6% de los votos conseguidos, Putin podrá continuar afianzando sus políticas internacionales. Los excesos denunciados contra los separatistas chechenos, la anexión de Crimea, la intervención en la guerra en Siria y en las elecciones de Estados Unidos, donde fue clave para el ascenso de Donald Trump, lo han posicionado como un héroe entre los rusos.

El discurso unas horas después de su triunfo confirma su decisión de profundizar las políticas que ha adelantado hasta ahora. Pidió unidad para realizar “un salto radical” e insistió en la idea de que “ha ganado nuestro gran equipo nacional”. Para Putin su victoria se resume en reconocimiento por lo hecho, confianza por lo que hace y esperanza por lo que se viene a futuro.

Con una economía estancada, Putin apuesta a sus estrechas relaciones con los oligarcas rusos para aumentar las cifras de empleo y recomponer las fracturas que ha dejado en la economía las sanciones europeas por la anexión de Crimea. La paradoja es que mientras los países europeos se unen al Reino Unido en sus acusaciones por el ataque contra el espía Sergei Skripal y su hija, en Rusia esto apenas es registrado por los medios –controlados por el Gobierno- y entendido por los ciudadanos como una campaña de desprestigio contra Putin.

Es el nuevo zar que presume de su armamento nuclear y amenaza a Estados Unidos y a Europa, interviene en los procesos democráticos de occidente y tiene la sartén por el mango en conflictos como los de Siria, Ucrania y Corea del Norte. Putin es un líder poderoso, que asusta al mundo y saca provecho de las fisuras de las relaciones entre Trump y el resto del planeta.

No hay duda de que su nuevo sexenio en el Kremlin le permitirá profundizar sus habilidades de exespía de la KGB para aprovechar las debilidades de sus oponentes, confundidos en el nacionalismo excluyente.

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