El valor de la privacidad

El valor de la privacidad

Septiembre 05, 2013 - 12:00 a.m. Por:
Elpais.com.co

"Como ocurre con Google, o Twitter, o muchas otras redes, antes que una actividad filantrópica creada para comunicar a la humanidad y servir en la mejora de su calidad de vida, esas redes son negocios cuyas valoraciones dependen del grado de penetración y de efectividad. Por eso son el nuevo escenario, basado en la ingenuidad de sus usuarios quienes piensan que al formar parte de ellas sus datos están en lugares seguros y protegidos".

La intimidad, ese derecho a la reserva de nuestras vidas que guardamos como un tesoro y estamos dispuestos a defender hasta las últimas consecuencias, parece tener sus días contados. Es el resultado de la tecnología combinada con la necesidad de comunicarse y tener amigos, bien aprovechada por los propietarios de las redes sociales para conseguir beneficios.Hace pocos días, los directivos de Facebook circularon por su vasta red de usuarios una carta en la cual les informan cambios en apariencia intrascendentes en su política de uso de datos. La propuesta consiste en usar el nombre, los perfiles y los datos para asuntos como la publicidad. Por supuesto le dan un plazo perentorio a los destinatarios para que expresen su aceptación a la feliz idea, sin que ello signifique que se abstendrán de hacerlo en caso de que la mayoría conteste en forma negativa su solicitud. No obstante la carta, está claro que ese uso se está produciendo hace mucho tiempo. Y no podría ser de otra manera. Como ocurre con Google, o Twitter, o muchas otras redes, antes que una actividad filantrópica creada para comunicar a la humanidad y servir en la mejora de su calidad de vida, esas redes son negocios cuyas valoraciones dependen del grado de penetración y de efectividad. Por eso son el nuevo escenario, basado en la ingenuidad de sus usuarios quienes piensan que al formar parte de ellas sus datos están en lugares seguros y protegidos. Pues no es así. Basta ver cómo la delación de Edward Snowden, un gris funcionario de la seguridad de los Estados Unidos, descubrió una enorme operación de espionaje para su gobierno, en la cual cayeron millones de ciudadanos inocentes de América Latina y del resto del mundo, al lado de personajes como la Presidenta de Brasil y el Primer Mandatario de México. Cada vez es más claro que el ojo de los organismos de seguridad entró a los datos y las comunicaciones que la gente deposita en las redes, confiando en que allí estaban a salvo de las miradas indiscretas. Es lo mismo que muchas empresas han hecho para saber quiénes son sus funcionarios, de qué hablan y cuál es el grado de fidelidad o satisfacción con sus empleos. El tráfico de esas redes también ha servido para definir perfiles, estratos sociales, gustos, deseos y necesidades de los usuarios, herramienta fundamental para diseñar estrategias de mercadeo. Y son muy frecuentes los casos en los cuales los delincuentes las han usado para amenazar, para cometer sus fechorías o para engañar a los incautos que creen a ciegas en la generosidad de esas comunicaciones.Imposible negar las bondades que ha traído el internet para la comunicación y la solución de los problemas y las necesidades del mundo moderno. Pero también es oportuno reflexionar sobre lo que está pasando con la intimidad de quienes confían en las redes y no se detienen a pensar lo que ocurre con sus datos y con todo aquello que han depositado en ellas. Son las sorpresas que cualquier persona puede recibir cuando, como ocurre con la carta de Facebook, autoriza a entregar sus datos para que sean usados en negocios de los que no tiene ni idea.

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