El uso de la fuerza

El uso de la fuerza

Marzo 17, 2011 - 12:00 a.m. Por:
Elpais.com.co

"...Con los ojos y oídos puestos en el drama japonés, el mundo parece olvidar la tragedia del pueblo libio. Y lo que está ocurriendo allí es una masacre como pocas veces vista. Las potencias occidentales, que observan con horror este macabro espectáculo, parecen paralizadas, sin iniciativa e incapaces de poner en marcha un plan de salvamento del pueblo libio y de castigo al tirano que lo martiriza".

Mientras el mundo se conmueve con el drama vivido por millones de japoneses y los medios parecen impelidos a estar pendiente de los más mínimos detalles de la tragedia nuclear en perspectiva, en los desiertos de Libia se continúa desarrollando otro drama de dolorosas consecuencias humanas. El hecho de que Libia sea responsable del 10% del petróleo que consume Europa y las vacilaciones de China y Rusia que impiden cualquier acción eficaz de las Naciones Unidas, han dado respiro al dictador Muammar el Gadafi, quien arreció los ataques contra su pueblo en lo que va corrido de la semana.Utilizando todos los recursos del Estado, las tropas leales al dictador han asediado a los focos de rebeldía civil con ataques por aire, tierra y uso intensivo de artillería pesada. Nadie parece saber cuántos civiles libios han fallecido en esta demencial arremetida del sanguinario líder tribal contra su propia gente. Pero los muertos se calculan en millares, mientras la atroz ofensiva sigue en marcha.Gadafi retomó a sangre y fuego la ciudad de Zuwara y asedia a Misrata, la tercera ciudad del país. Brega cayó luego de pasar de manos varias veces. Y las fuerzas de Gadafi se aproximan a Ajdabiya, la población más cercana a Bengasi, la ciudad que es la cuna del movimiento rebelde.Con los ojos y oídos puestos en el drama japonés, el mundo parece olvidar la tragedia del pueblo libio. Y lo que está ocurriendo allí es una masacre como pocas veces vista. Las potencias occidentales, que observan con horror este macabro espectáculo, parecen paralizadas, sin iniciativa e incapaces de poner en marcha un plan de salvamento del pueblo libio y de castigo al tirano que lo martiriza. Alemania pide más tiempo, Rusia y China se oponen a cualquier invasión militar, y la ONU no se pone de acuerdo ni siquiera en declarar una zona de exclusión aérea que le impediría al déspota libio el uso de la aviación militar.Mientras tanto, los tiranos no tienen ninguno de los miramientos de las democracias. El rey saudí no tuvo empacho en enviar tropas para apoyar al sultán de Bahrein, puesto en dificultades por la protesta civil y Gadafi no ha vacilado en hacer uso extremo de la fuerza. E incluso vocifera contra las potencias occidentales, amenazándolas con unirse a Al Qaeda, si es que llegan a intervenir en Libia. Una muestra de cinismo: al comienzo de los conflictos había sostenido que la oposición libia estaba manejada por los seguidores de Osama Bin Laden.Nada le importa al dictador, que está haciendo uso de fuerza desmedida contra civiles desarmados. Él está dispuesto a acabarlos a todos, si es necesario. En su lenguaje, no son ciudadanos, sino “perros”. Y procede contra ellos como si estuvieran rabiosos.Aunque dudoso que suceda, el mundo espera que la ONU reaccione y apoye al pueblo libio que está siendo cruelmente masacrado. Desde la revolución francesa aprendimos que existe el derecho fundamental a rebelarse contra la opresión. Este es un principio caro a las democracias occidentales que justifica el uso de la fuerza, y nada distinto se puede hacer en Libia.

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