El turno de Libia

Febrero 23, 2011 - 12:00 a.m. Por:
Elpais.com.co

"...las perspectivas del país norteafricano son de una guerra civil donde habrá un baño de sangre, mientras Occidente se preocupa porque los mercados tendrán un remezón importante, porque Libia es un gran productor de petróleo".

Ahogando en sangre la revuelta en su contra, con gran parte de Libia tomado por las fuerzas contrarias a su régimen y muchos de sus partidarios abandonándolo, Muamar Gaddafi, el “Hermano Guía de la Gran Revolución”, desata su ira contra el pueblo que lo ha soportado durante 42 años y ahora le pide que se vaya. Se podría pensar que éste es uno más de los autócratas que sienten el trepidar de las protestas en el norte de África, en el mundo árabe y en Persia. O de los regímenes que caen como fichas de dominó en un convulsionado estertor que reclama libertad y derroca gobiernos y gobernantes corruptos y abusivos que, hasta no hace mucho, formaban parte del status quo del mundo, acostumbrado a transar con esos regímenes a cambio de estabilidad, de petróleo, de gas y de materias primas. Sin embargo, tanto Gadaffi como Siria pueden considerarse caso aparte. Mientras el “líder y guía de la revolución” no es presidente ni ejerce ningún cargo oficial o es elegido como rey o mandatario por algo distinto a su megalomanía legendaria, Libia es ante todo un país con una organización social e incluso política basada en tribus cuya división se hunde en la historia. Así, lo que está ocurriendo no tiene mucha relación con los pedidos de libertad, reformas políticas y cambios de estructuras en el Estado, motivaciones éstas que están casi siempre detrás de las revueltas en Occidente.Eso explica en parte la ferocidad de las batallas que se desarrollan en Trípoli y el resto del país, donde el Ejército bombardea y ametralla los barrios de la capital, y las milicias y los mercenarios leales a Gaddafi disparan a discreción. Y está también en las razones que tienen a la región Cyrenaica y su capital Bengasi como líderes de la revuelta contra el militar de origen beduino que se inventó la ‘Jamahiriya’ o estado de masas, para controlar a su país a través de las más diversas formas de opresión, de espionaje y represión contra los posibles disidentes.Según se ha podido conocer, más de la mitad de Libia es controlada por los rebeldes, en tanto el tirano no reconoce límites en su respuesta contra sus opositores. Para él, todos los libios deben estar comprometidos en su defensa porque, según su discurso de ayer, “Gaddafi es resistencia, libertad, gloria, revolución”. En esas condiciones, las perspectivas del país norteafricano son de una guerra civil donde habrá un baño de sangre, mientras Occidente se preocupa porque los mercados tendrán un remezón importante, porque Libia es un gran productor de petróleo.La huella de Gaddafi ha sido terrible para el mundo. Durante muchos años protegió e impulsó movimientos terroristas que llegaron incluso a volar un avión con 270 pasajeros sobre Inglaterra. Después, y ante el hecho de que Libia produce el 10% del petróleo que consume Europa, fue readmitido en la comunidad internacional, permitiendo que instale sus tiendas beduinas en sitios como Nueva York. Ahora, la suerte del “Hermano Guía de la Revolución” es incierta. La única certeza es que en Libia los muertos ya superan los mil y todo hace presagiar que el final será catastrófico.

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