El tiempo se agota

Julio 19, 2015 - 12:00 a.m. Por:
Elpais.com.co

Tan delicada es la situación, que los países facilitadores intervinieron para cambiar la metodología y darle un nuevo aire al proceso. Pero lo ocurrido en los últimos dos meses da a entender que nada se logrará, si las Farc no demuestran su voluntad de paz; si no terminan con el terrorismo y siguen negándose a aceptar que la violencia sólo les ocasiona rechazo; y si no reconocen que sus acciones lesionan la credibilidad del diálogo y producen el endurecimiento de la opinión nacional.

Tras una temporada de actos terroristas, las Farc iniciarán mañana la tregua unilateral que ofreció, luego de que los países facilitadores lo pidieran para salvar los diálogos de La Habana. Precedido de ese ejercicio de violencia indiscriminada, el grupo armado ilegal se prepara para afrontar lo que puede ser la recta final de unos diálogos iniciados hace cuatro años. El balance de la embestida de terror se refleja en 64 atentados contra oleoductos, infraestructura, puestos de policía y demás bienes de propiedad pública. De ellos, 20 fueron cometidos en el departamento del Cauca y 17 contra Nariño. A esa cuenta, que no puede llamarse de forma distinta a terrorismo puro, se suman los cientos de hechos que la Fuerza Pública logró impedir. Todos ellos afectaron a colombianos inermes, víctimas de una violencia inútil y traicionera. En la lógica de las Farc, esa arremetida es una demostración de su fuerza, de su poder destructor, de su capacidad de daño. Quizás piensen sus cabecillas que con ello obligan al Gobierno a aceptar que deben ofrecerles impunidad y no obligarlas a reparar a sus víctimas. Y deben especular también que han logrado reblandecer a la Nación para que se pliegue a su exigencia de no responder ante la justicia y de imponer sus designios. Otra cosa piensa la inmensa mayoría de los colombianos, que rechaza el terrorismo con el cual pretenden doblegar su determinación en el rechazo a esos procederes, a la vez que respalda la actuación y la determinación de la Fuerza Pública en su defensa. Al parecer a las Farc se les olvidó que, según el documento que dio origen a los diálogos, ellos refrendarán el acuerdo final de la negociación en La Habana. Es ese acuerdo el que, según dio a entender el Jefe de la delegación oficial, está en veremos ante la actitud de la contraparte, la cual se expresa en la falta de avances en los últimos diez meses. Tan delicada es la situación, que los países facilitadores intervinieron para cambiar la metodología y darle un nuevo aire al proceso. Pero lo ocurrido en los últimos dos meses da a entender que nada se logrará, si las Farc no demuestran su voluntad de paz; si no terminan con el terrorismo y siguen negándose a aceptar que la violencia sólo les ocasiona rechazo; y si no reconocen que sus acciones lesionan la credibilidad del diálogo y producen el endurecimiento de la opinión nacional.Eso es lo que ha llevado al presidente Juan Manuel Santos a poner un límite de cuatro meses a las conversaciones para evaluar lo que se haya conseguido en ellas. Él, que hace grandes esfuerzos por convencer a los colombianos que deben respaldar los diálogos de La Habana, está reconociendo que la posición de las Farc no es la requerida para lograr el acuerdo que se busca, y que los responsables de delitos de lesa humanidad y crímenes de guerra deberán responder por sus actos ante la justicia colombiana. Con todos esos antecedentes, es claro que el tiempo para el proceso se agota. En los jefes de las Farc está la decisión de acabar con el terrorismo y de aceptar una negociación sensata que les permita reintegrarse a la sociedad.

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