El sueño de China

El sueño de China

Octubre 22, 2017 - 11:55 p.m. Por:
Elpais.com.co

Convertir a China en la fuerza que lidere al mundo en los campos político, económico, militar y ambiental. Ese es el gran reto anunciado por su líder Xi Jinping durante la inauguración del XIX Congreso del Partido Comunista.

Para lograr este propósito, el Presidente del gigante asiático se puso como meta el año 2050 y no le faltan razones. China representa el 30 % del PIB del mundial, su ritmo de crecimiento es cercano al 7 % y las cifras oficiales sostienen que 60 millones de personas han salido de la pobreza. Su amplio portafolio de intereses estratégicos lo ha llevado a realizar inversiones en América Latina y África, que le han permitido aumentar su injerencia en países como Venezuela, Argentina Brasil, Sudáfrica, Egipto y Nigeria.

En su extenso discurso, Xi destacó que durante su gobierno el país se convirtió en la segunda potencia económica del mundo, entró en la carrera espacial y “ahora tiene brillantes perspectivas de rejuvenecimiento”. Eso sí, el líder asiático dejó claro que eso solamente se logrará si persiste el férreo control del Partido Comunista, que no permite la divergencia ni pone en duda su supremacía.

Ante 2300 delegados en el Gran Palacio del Pueblo, las directrices hacia el futuro quedaron definidas. La prioridad será confirmar a China como la gran potencia y situarla entre las naciones con una “visión de futuro compartido para la humanidad”, con un ejército poderoso que disuada cualquier amenaza externa o interna. En el plano doméstico, lo fundamental será continuar con los índices de crecimiento, mejorar la calidad de vida, proteger el medio ambiente y vigilar la seguridad nacional.

El mundo ha cambiado y lo de China es la muestra de un comunismo dedicado al capitalismo para generar riqueza y crecimiento. “Da igual si el gato es negro o blanco. Lo que importa es que cace ratones”, dijo Deng Xiaoping, el gran reformador tras el fracaso del comunismo tradicional y el caos de la revolución cultural en las décadas de los sesenta y setenta. Se trata, finalmente, del triunfo del pragmatismo sobre la ideología comunista.

También es necesario precisar que existe un contexto internacional con vientos favorables para China. La decadencia en el mundo occidental, donde solamente la canciller alemana Ángela Merkel y el presidente francés Emmanuel Macron muestran vestigios de un liderazgo en crisis, se convierte en un perfecto escenario para las ambiciones expresadas por Jiping. En un mundo globalizado e interdependiente ya no caben los aislacionismos que pregona Donald Trump en Estados Unidos o sus bravatas que amenazan con el poder militar cada que se le agotan los argumentos.

De la caída de la Unión Soviética, el hombre al que The Economist llama el más poderoso del mundo aprendió que el partido no puede perder el control de la economía, el Ejército ni la sociedad. Xi ha dejado claro que cada vez hay una mayor distancia entre las proclamas llenas de simbolismo con banderas rojas y la realidad del mercado. Como proclamó el líder asiático, una nueva era ha comenzado y nada parece interponerse a la gran marcha del sueño chino.

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