El precio de la guerra

Noviembre 06, 2011 - 12:00 a.m. Por:
Elpais.com.co

"...nuestro país ve ya la luz al otro lado del túnel en el que lo sumergieron todos los que han pretendido imponer sus imperios criminales por encima de la legitimidad y el orden que garantizan la construcción de un país democrático y respetuoso de la diversidad como elemento sustancial para responder a los desafíos que le presentan sus innegables problemas sociales".

Después de la persecución implacable de las autoridades, y como les ha ocurrido a casi todos los cabecillas del terror y el crimen organizado, el jefe máximo de las Farc fue abatido el pasado viernes. La pregunta ahora es cuánto más podrá demorarse ese grupo en reconocer que su violencia es inútil y que la paz negociada es el camino.En el mundo en el que se movía y en el de los que aún insisten en reconocerle algo de intención política a las Farc, alias Alfonso Cano fue distinguido por sus dotes de intelectual, de filósofo e ideólogo en un movimiento que sólo concibe la violencia para tomarse el poder. La verdad es que el líder abatido fue abrumado por la infinidad de crímenes que cargaba a cuestas, por el afán de destruir y de atentar contra la vida y la libertad de los colombianos. Esa oscura trayectoria le cerró cualquier posibilidad de darle un giro a la organización que durante 47 años ha sido el azote de nuestra Nación, obligándola a usar la fuerza para resolver un conflicto que en sus orígenes tuvo un indudable contenido político. Ahora, y como les ha ocurrido a los cabecillas de las organizaciones criminales y del narcotráfico que han pretendido apoderarse del país, la Fuerza Pública llegó hasta él, produciéndose un desenlace mortal. Fue la demostración de que el crimen no paga. Y que por más poder y capacidad de intimidación que posean las organizaciones que como las Farc se empeñan en una guerra inútil, las Fuerzas Armadas y la Policía Nacional están capacitadas y tienen la decisión de conjurar sus amenazas. Hoy, el éxito en la persecución de Cano se debe en primer lugar a la abnegada entrega de los soldados y policías de Colombia, héroes capaces de arriesgar sus vidas y entregarlas si fuere necesario para asegurar la tranquilidad y la libertad de sus millones de compatriotas.En forma lenta pero segura, las autoridades colombianas encabezadas por los Presidentes de la República han logrado revertir la amenaza que se cernía sobre una Colombia acorralada por el narcotráfico, la violencia irracional y el terrorismo cobarde. Por esa decisión, nuestro país ve ya la luz al otro lado del túnel en el que lo sumergieron todos los que han pretendido imponer sus imperios criminales por encima de la legitimidad y el orden que garantizan la construcción de un país democrático y respetuoso de la diversidad como elemento sustancial para responder a los desafíos que le presentan sus innegables problemas sociales.Pese al positivo significado del nuevo y contundente golpe asestado a la guerrilla, la Nación lamenta que la solución tenga que ser de fuerza y no política como siempre la ha ofrecido, y que todavía se insista en pensar que la violencia sea el camino para lograr cambios. Ese fue el error de Cano y de los miles de colombianos que han escogido el camino de las armas y el terror, causando a su vez la destrucción de vidas y de oportunidades para los compatriotas que dicen defender. Por eso, la muerte del líder máximo de las Farc puede ser la oportunidad para cesar la violencia y sentarse a discutir la desmovilización que garantiza el respeto por la vida y la libertad en Colombia.

VER COMENTARIOS
Columnistas