El peligro de las invasiones

El peligro de las invasiones

Mayo 31, 2018 - 11:55 p.m. Por: Editorial .

Durante seis décadas, la invasión que crea asentamientos subnormales en cualquier parte ha sido el peor enemigo de Cali como ciudad. En algún momento debe producirse una reacción para impedir que la capital vallecaucana se vuelva invivible.

El ejemplo más reciente es la parte alta de Polvorines que hace parte de un corredor ecológico vital para la cuenca del río Meléndez. Del bosque tropical seco que alguna vez protegió esas montañas del suroccidente caleño queda casi nada por las invasiones o los intentos de invasión cada vez más frecuentes en el sector.

Este año van varias tentativas de apropiación indebida de terrenos en esa ladera, en particular en el sector de La Pedregosa que hace parte de la Reserva Municipal de Uso Sostenible del río Meléndez y está bajo protección ambiental especial. Hasta allá han llegado las mafias que ofrecen ilegalmente lotes a los incautos o que promueven las invasiones violentas en terrenos particulares o del municipio.

Todos saben de la existencia de esas empresas criminales, que llevan décadas lucrándose de las necesidades de la gente y creándole un problema social, ambiental y económico de magnitudes alarmantes a Cali. Contra ellos la Justicia no ha podido hacer mayor cosa, las judicializaciones son mínimas y las detenciones son aún más escasas.

Las consecuencias de los múltiples intentos de ocupación en Polvorines están a la vista, como lo describió uno de los integrantes del escuadrón anti invasiones, creado por las autoridades: “Allí estaba el único reducto de bosque nativo que quedaba y que era un ecosistema productor de agua; ahora solo está el suelo desnudo y el sitio tienen un aspecto similar al de un paisaje lunar”.

Y luego aparece la presión para que el Municipio atienda las necesidades que surgen de esa anarquía que dificulta la convivencia e impide tener una comunidad solidaria. Es lo mismo que ocurre desde hace décadas con cada apropiación indebida de terrenos que se promueve en la ciudad, en muchos casos promovidas por dirigentes políticos que buscan el voto de los invasores. Se arrasan los ecosistemas, se levantan viviendas en tierras inestables, se hacen conexiones fraudulentas a los servicios públicos y, lo más grave, se ponen en riesgo las vidas de quienes ahí se asientan y de quienes han cumplido con las normas.

Si bien se deben reconocer esfuerzos para frenar a quienes llegan en hordas a tomarse tierras que no les pertenecen, como la creación del escuadrón que comenzó a operar este año, las acciones parecen insuficientes para derrotar a quienes están detrás de esas actuaciones que le están causando tanto mal a Cali. De las sanciones administrativas no se pasa y los procesos judiciales contra los promotores o los invasores pueden ser eternos.

Es urgente encontrar soluciones definitivas para uno de los problemas más graves que afecta a la capital del Valle, antes que se acabe con los ecosistemas que aún sobreviven, se degraden más las cuencas de sus ríos y se siga comprometiendo la integridad y la vida de miles de personas. Si no se hace algo, se pondrá en peligro la existencia de Cali como ciudad.

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