El otro mundo

Marzo 01, 2015 - 12:00 a.m. Por:
Elpais.com.co

"Los éxitos en la persecución a los criminales en las últimas décadas llegan hasta las puertas de los penales, donde puede pasar cualquier cosa. Allí los reciben decenas de sindicatos que agrupan a los insuficientes y mal pagos guardas. Es el otro mundo, el de las cárceles que se manejan más como un problema al cual no se le da soluciones y no parecen ser del interés del Estado por ofrecer recta y cumplida justicia".

La fuga descarada de quien fue acusado por asesinar a cuatro niños en Florencia, Caquetá, es la enésima prueba del desastre que viven las cárceles en Colombia. Y vuelve a reclamar la decisión del Estado para enfrentar uno de los más acuciantes problemas en la obligación de aplicar cumplida justicia.Cristopher Chávez fue detenido luego de uno de las persecuciones más sonadas en la historia reciente de nuestro país. El caso no daba para menos, ante la aberrante categoría del crimen y la movilización masiva de las autoridades, de la Fiscalía, la Policía, los organismos de inteligencia y toda clase de funcionarios. El delito, asesinar a cuatro menores en forma vil, produjo la reacción masiva de la opinión pública, que dio resultados positivos, por fortuna en poco tiempo.Hasta que el acusado llegó a la cárcel bautizada como Las Heliconias en recuerdo de las flores exóticas de nuestro trópico. Allí se suponía que Chávez y sus cómplices de fechoría estaban a buen recaudo, a la espera del juicio que fijara sus responsabilidades del caso, y, de ser procedente, la condena que deberían pagar en caso de ser hallados responsables.De pronto, los colombianos volvieron a ser sorprendidos por otra noticia sobre los luctuosos hechos. Esta vez se trató de la fuga de alias El Desalmado, quien ha demostrado además su peligrosidad extrema y debería tener un tratamiento acorde a su condición. Se fue de la manera más simple posible, encontrando el instrumento para abrir su celda, pasando indemne cuatro anillos de seguridad, eludiendo la veintena de guardias que el Instituto Nacional Penitenciario, Inpec, destinó para Las Heliconias. Y salió a la calle, despertando de nuevo la indignación pública ante la fuga.Por fortuna, las autoridades volvieron a dar con el paradero del acusado, pero quedó al descubierto la fragilidad del sistema carcelario. Según se dice, los guardas permitieron esa fuga en protesta contra las directivas del penal. Otras versiones involucran a más personas en la fuga, una verdadera afrenta al sistema penitenciario. O mejor, una burla más a la confianza que debe existir en la capacidad del Estado para impedir que personajes como Cristopher Chávez estén en libertad, amenazando la tranquilidad de los ciudadanos.Ese fue otro episodio de la tragicomedia que se escenifica a diario en el sistema penitenciario de Colombia. Un sistema que parece no tener dolientes y carece por completo de una dirección coherente y en lo posible alejada de las tentaciones que ofrece la corrupción. Es la consecuencia de no haber sido capaces de diseñar una política penal y penitenciaria que sea consecuente con la realidad que vive el país.Por eso, los éxitos en la persecución a los criminales en las últimas décadas llegan hasta las puertas de los penales, donde puede pasar cualquier cosa. Allí los reciben decenas de sindicatos que agrupan a los insuficientes y mal pagos guardas. Es el otro mundo, el de las cárceles que se manejan más como un problema al cual no se le da soluciones y no parecen ser del interés del Estado por ofrecer recta y cumplida justicia.

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