El otro conflicto

Enero 11, 2016 - 12:00 a.m. Por:
Elpais.com.co

En resumidas cuentas, quienes aquí se muestran los dientes, antes que saudíes y persas, son quienes en realidad ejercen el poder, suníes y chiíes, en nombre del Islam.

Los graves hechos que han agudizado las maltrechas relaciones entre Arabia Saudita e Irán, empiezan a resaltar una de las razones más importantes de la inestabilidad en Oriente Medio. Y que puede desembocar en un conflicto de proporciones mayores, debido también a la mezcla de religión con intereses políticos en la inestable región.Es claro que el problema no es sólo la ejecución del jeque Nimr al Nimr, líder shiita en Arabia Saudita, y de 46 personas más acusadas de terrorismo por el gobierno de ese país y consideradas por los ayatolas como simples opositores al régimen saudí.Ese hecho desencadenó la ola de acciones violentas de retaliación mutua y que tiene como capítulo más reciente un presunto ataque aéreo de Arabia Saudita contra la embajada de Irán en Saná, la capital de Yemen. Sin embargo, en el fondo de todo está la vieja enemistad donde lo religioso y cultural pesan de manera profunda. En resumidas cuentas, quienes aquí se muestran los dientes, antes que saudíes y persas, son quienes en realidad ejercen el poder, suníes y chiíes, en nombre del Islam.Y lo saben hacer muy a manera, con los sectores radicales que no les faltan en calidad de puntas de lanza y, a la vez, mediante discursos que involucran a un vecindario en el que cualquier incitación prende fácil. Está claro que en materia religiosa las confrontaciones no tienen término medio. Por supuesto, Occidente no puede ser testigo mudo de lo que ocurre. Hoy, mientras algunas voces creen que la única llamada a sentar al diálogo a las partes es la Unión Europea, la situación toca la estabilidad mundial.Por varios factores. El primero es el acuerdo nuclear entre Estados Unidos e Irán, al que muchos atribuyen la actual escalada entre ambos bandos. Arabia Saudita se ha opuesto desde el principio y más ahora, cuando todo apunta a la autorización para que Irán acceda a la tecnología nuclear. De otra parte, la ejecución de Nimr al Nimr y la caída vertical de los precios del petróleo, un mercado al que Irán vuelve, una vez levantadas las sanciones impuesta en el pasado, dan fuerza a la hipótesis de que las aguas prometen estar más revueltas que nunca.Eso sí, quien por ahora se frota las manos con la situación es el Estado Islámico. Tras los sucesos recientes, la reciente alianza de naciones que se forjó en Viena, y recibió el respaldo del Consejo de Seguridad de Naciones Unidas para hacer frente común contra los yihadistas, quizás no tambalea pero sus alcances comienzan a ser más limitados. Más aún cuando en Siria, Iraq y Yemen hay otra guerra religiosa en la que Riad y Teherán tienen sus fichas y las mueven, claro está, nunca en el mismo sentido.Un siglo exacto después de los acuerdos Sykes-Picot entre Francia y Reino Unido en los que esas potencias se repartieron a su manera las zonas de influencia y dominio en Oriente Medio, sin respetar los factores locales, la guerra sigue siendo el lenguaje en una región sometida al capricho de dos dictaduras teocráticas. Y por si eso fuera poco, afectadas por los peores radicalismos y centenarios conflictos no resueltos.

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