El nuevo Congreso

El nuevo Congreso

Julio 20, 2014 - 12:00 a.m. Por:
Elpais.com.co

Sin duda, es una realidad que existen grandes expectativas sobre la posibilidad de alcanzar un acuerdo que termine los conflictos con las guerrillas de las Farc y el ELN que llevan más de medio siglo golpeando a la Nación, consumiendo ingentes recursos públicos e impidiendo la atención a muchos problemas sociales. Por eso es de esperar que la actividad legislativa tenga en la paz una de sus principales actividades, promovidas claro está por el Gobierno Nacional.

Hoy inicia su labor el Congreso de la República elegido el pasado 9 de marzo. Aunque su instalación sea un acto normal dentro de la democracia, el compromiso de ahora debe ser realizar las transformaciones que le devuelvan la credibilidad al Estado colombiano. Sin duda, es una realidad que existen grandes expectativas sobre la posibilidad de alcanzar un acuerdo que termine los conflictos con las guerrillas de las Farc y el ELN que llevan más de medio siglo golpeando a la Nación, consumiendo ingentes recursos públicos e impidiendo la atención a muchos problemas sociales. Por eso es de esperar que la actividad legislativa tenga en la paz una de sus principales actividades, promovidas claro está por el Gobierno Nacional.De otra parte, el país atraviesa por uno de sus momentos más importantes de su historia en materia de crecimiento económico en todos los órdenes. Pero también es cierto que las instituciones acusan un serio desgaste y necesitan ajustes que les devuelvan su capacidad de atender las demandas del ciudadano común y corriente, los más de cuarenta millones que componen la población colombiana. No es un secreto que la Justicia está entre sus primeras inquietudes porque no responde a las necesidades; porque no es rápida y cumplida y porque herramientas fundamentales como la tutela se han desvirtuado a raíz de la morosidad y la impunidad de la Justicia colombiana. Además, ya es hora de adoptar reformas que acaben con el clientelismo generado por las facultades de intervenir en elecciones que desvían a los magistrados de las Altas Cortes y de los Tribunales regionales de su verdadera misión. Como es el momento para acabar con organismos como el Consejo Superior de la Judicatura y la Comisión de Acusaciones, porque nunca han cumplido el papel que les asignó la Constitución Nacional. También es el tiempo para afrontar el deterioro profundo que muestra el ejercicio de la política, y los problemas eternos del sistema electoral. Hoy podría decirse que la representación popular no tiene instituciones sólidas y respetables que interpreten la voluntad de los ciudadanos, puesto que su ejercicio ha sido capturado por infinidad de empresas personales que están de espaldas al inmenso clamor que hay detrás de una abstención que supera el 55% del censo electoral y de muchos de quienes ejercieron el derecho a elegir Senadores y Representantes a la Cámara. Y está también la obligación de resolver los problemas que afectan la vida de los colombianos, como lo es la crisis ya endémica del servicio de salud que inexplicablemente se hunde en el Congreso. Lo mismo ocurre con las transformaciones que demanda la educación superior. Asimismo es urgente resolver el obstáculo que representa el excesivo centralismo y el desequilibrio que ello ha generado, ocasionando el atraso de regiones como el Pacífico colombiano, el consecuente drama social y la presencia permanente de la violencia y las actividades ilegales.Como se ve, la tarea es enorme para el Congreso que hoy inicia sus labores. Es de esperar que del nuevo Legislativo salgan las soluciones y respuestas que demanda la Nación.

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