El martirio de Alepo

Mayo 02, 2016 - 12:00 a.m. Por:
Elpais.com.co

"En pocos días, la situación siria ha pasado de un relativo optimismo, al estancamiento. Y mientras la comunidad internacional espera los resultados del cese fugaz, sobre el que se especula que Washington y Moscú dieron su aval, Alepo vive un drama sin límites. Ya sin Muhamad Waseem Moaz y sin ningún pediatra que vele por sus niños".

El nuevo símbolo de la tragedia que vive Siria se llama Muhamad Waseem Moaz. Médico pediatra, Moaz murió el jueves pasado, junto a 14 de sus pacientes, durante un bombardeo de fuerzas de Bashar al-Ásad al hospital en el que atendía niños en Alepo.Sin Moaz, Alepo vive aún más la soledad de su martirio. La segunda ciudad del país, objetivo militar tanto para las tropas del gobierno como de la oposición alzada en armas, sufre las peores horas de los últimos meses. El recrudecimiento de ataques aéreos y combates, sucesivos al progresivo deterioro del alto al fuego entre las partes, más la presencia activa del Estado Islámico, de nuevo la han convertido en un infierno.Ni siquiera los 220 civiles que han perdido la vida en la última semana en esa capital de provincia, mayoritariamente por efecto de las bombas oficiales, sirven como argumento para disuadir al-Ásad de parar sus ataques. Una improvisada tregua de 24 horas decretada por el ejército sirio en el fin de semana incluyó a Damasco y a otras regiones, pero no a Alepo.La razón, dice el gobierno, es estratégica. Si se logra cortar el circuito vial que une el norte de esa ciudad con el este y el sur de Siria, las posibilidades de abastecimiento de oposición y extremistas se reducirán al mínimo. Entonces, asegura, el curso de la guerra podría acelerar su final. Esa tesis, la de pretender acortar los tiempos de la conflagración a punta de vidas inocentes, es más que discutible. Lo único en común allí es el territorio donde se desenvuelve el conflicto. Siria es, aparte de estado fallido, la suma de combates entre una dictadura sanguinaria y una oposición compuesta por multitud de facciones no siempre ajenas al Estado Islámico, que sabe pescar en ese río revuelto. Ahora, desconcierta la reactivación de una política de tierra arrasada elegida por el régimen, cuando un principio de acuerdo permitió acercamientos, a la sombra de los cuales el gobierno convocó elecciones parlamentarias ilegítimas en las que al-Ásad, triunfó, como no podía ser de otra forma. Tanto lo uno como lo otro, confirman la obsesión del dictador por mantenerse en el poder. Las cosas tornan entonces al principio del estallido de la crisis, con una mayor radicalización. El primer efecto, que no será el único de la escalada militar, es el retiro en Ginebra de la mesa de negociaciones de ese gobierno en el exilio, muy afín a Arabia Saudita. En pocos días, la situación siria ha pasado de un relativo optimismo, al estancamiento. Y mientras la comunidad internacional espera los resultados del cese fugaz, sobre el que se especula que Washington y Moscú dieron su aval, Alepo vive un drama sin límites. Ya sin Muhamad Waseem Moaz y sin ningún pediatra que vele por sus niños. Una historia igual, o peor, a la de 4,5 millones de exiliados sirios que vagan por el mundo. Y otra más, en la tragedia de 6,6 millones de desplazados que van de un lado para otro en su propia tierra para tratar de salvar sus vidas. El martirio sin final de uno de los lugares donde la humanidad alguna vez se sintió orgullosa de haber venido al mundo.

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