El llamado de Francisco

Julio 25, 2015 - 12:00 a.m. Por:
Elpais.com.co

Dejando en claro que el cambio climático es un tema que atañe a la Iglesia, el Papa denuncia que los países ricos tienen una “deuda ecológica” con las naciones pobres, ya que explotan sus recursos para garantizar su producción. Y afirma que es una relación “estructuralmente perversa”, que reclama un cambio de perspectiva en la ética global para cuidar de la naturaleza y resolver el problema del hambre en el mundo.

El descubrimiento de Kepler-452b, que según la Nasa sería el planeta más parecido a la Tierra, llenó de entusiasmo al mundo ante la posibilidad de que haya agua en él y de que pueda ser habitable.Sin embargo, esa alegría contrasta con la degradación en que la humanidad ha sumido al globo terráqueo, mediante acciones como la contaminación de mares y ríos con petróleo y otras sustancias tóxicas, el manejo indebido de los desechos líquidos y sólidos, el exceso de ruido, la emisión de gases nocivos y la pérdida de hábitats naturales que han llevado al borde de la extinción a especies de fauna y flora.De ahí la importancia de que mientras los científicos siguen explorando el cosmos, los terrícolas nos ocupemos mejor de preservar lo que queda de “la casa común”, como la llama el Papa en la encíclica ‘Laudato Sí’. Promulgada hace algunas semanas, es como un grito de auxilio en favor del medio ambiente global, inspirado en Francisco de Asís, el santo patrono de la ecología. En el mensaje dirigido a católicos y no católicos, el Pontífice parte de las comprobaciones científicas sobre el calentamiento de la Tierra para determinar que los mayores responsables de la reducción del agua potable y de los daños a la agricultura que ese fenómeno produce son los seres humanos, debido al “consumismo inmoral” y al uso de tecnologías basadas en combustibles fósiles altamente contaminantes como el carbón y el petróleo.Dejando en claro que el cambio climático es un tema que atañe a la Iglesia, el Papa denuncia que los países ricos tienen una “deuda ecológica” con las naciones pobres, ya que explotan sus recursos para garantizar su producción. Y afirma que es una relación “estructuralmente perversa”, que reclama un cambio de perspectiva en la ética global para cuidar de la naturaleza y resolver el problema del hambre en el mundo.La encíclica fue publicada a cinco meses de la Conferencia de la ONU sobre Cambio Climático programada para fines del 2015 en París, por lo que ha sido vista como un espaldarazo al propósito de suscribir un acuerdo universal para limitar las emisiones de gases que producen el efecto invernadero y evitar que el aumento de la temperatura media del orbe alcance los 2 grados centígrados.Pero bien se sabe que esa iniciativa, planteada desde que se suscribió el Protocolo de Kyoto, no ha prosperado por la negativa de varias potencias, causantes de más de la mitad de las emisiones contaminantes. Por ello no es gratuito que el Secretario General de la ONU ya haya invitado al Papa a intervenir en la Asamblea General del organismo programada para septiembre en Nueva York. Por eso, aunque el Presidente de Estados Unidos ya se declaró “profundamente” admirado por la encíclica, Francisco la remató invitando a los ciudadanos del mundo a usar las redes sociales para presionar a los líderes políticos para que no traten de reducir solo algunos impactos negativos en el cambio climático y para que no se espere que tan grave problema sea resuelto “por medidas unilaterales de países individuales”.

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