El jefe del terror

Mayo 03, 2011 - 12:00 a.m. Por:
Elpais.com.co

"...sin la menor duda, la humanidad respira ahora con mayor tranquilidad al saber que el cabecilla de Al Qaeda ya no podrá seguir causando daño con los cobardes atentados que llevaban su tenebroso sello personal..."

Osama Bin Laden, el líder de la peor amenaza terrorista del mundo, fue muerto el pasado domingo en una localidad cercana a la capital de Pakistán. Y sin que esa muerte signifique el final de su banda, sí es el fin de un mito, el de la impotencia de los Estados Unidos y Occidente para acabar con quien causó y ordenó los peores atentados contra Estados Unidos, contra Inglaterra y España.Como nos ha sucedido a los colombianos cada que se nos anuncia un golpe que da de baja a los promotores del terror en nuestro país, el mundo no podrá alegrarse por la muerte de un ser humano. Pero, sin la menor duda, la humanidad respira ahora con mayor tranquilidad al saber que el cabecilla de Al Qaeda ya no podrá seguir causando daño con los cobardes atentados que llevaban su tenebroso sello personal, como ocurría en Colombia con los secuestros ordenados por alias Raúl Reyes, las bombas y las masacres coordinadas por alias Mono Jojoy.Bin Laden fue el autor intelectual de los atentados contra las Torres Gemelas de Nueva York, contra el Pentágono de Washington, así como la explosión de algunos aviones, en la mortal jornada del 11 de septiembre de 2001. También llenó de sangre el metro de Madrid en marzo de 2004 y el de Londres el 7 de julio de 2005. Así mismo destruyó varias embajadas de los Estados Unidos en África y voló incluso un barco de la Marina de ese país. Era un criminal que dejó miles de muertos y logró atemorizar al mundo occidental. Y su disculpa no podía ser más terrible: prevalido de su radical interpretación del Corán, Bin Laden se empeño en demonizar y enfrentar las culturas occidentales hasta su aniquilación. Allí no había posibilidad de interpretación. Era como una misión que costó la vida de miles de seres humanos indefensos, de mujeres o niños, de cualquiera que estuviera cerca de los sitios donde se realizaban sus cobardes ataques. Por él, los Estados Unidos desató la guerra en Afganistán donde lo protegían los talibanes, secta caracterizada por el extremismo oscurantista del más enconado odio a la libertad y a cualquier cosa que se aparte de su interpretación del Islam. Llama la atención que el hombre más buscado sobre la tierra haya sido encontrado y liquidado en Pakistán, supuesto aliado de la nación norteamericana. Con la muerte de Bin Laden no desaparece Al Qaeda, ahora en manos de su segundo el egipcio Ayman al-Zawahri. Y es de esperar que sobrevenga una reacción del terrorismo tanto contra los intereses estadounidenses como contra cualquier país que sea aliado de la lucha contra el terror que simboliza esa nefasta red. Por eso, es tiempo de estar alerta para prevenir y anticiparse a los ataques. Pero también es el momento de buscar el acercamiento sincero de Occidente con el mundo musulmán. Una vez derrotado el mito de la impunidad que rodeaba a Bin Laden, es necesario superar el radicalismo excluyente que, basado en falsas interpretaciones religiosas, enfrenta a unos contra los otros como enemigos mortales e irreconciliables. Es la manera de derrotar al terrorismo traicionero que predicó Osama Bin Laden y aún practica Al Qaeda, llenando a la humanidad de odios, temores y rencores.

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