El infierno de Comayagua

El infierno de Comayagua

Febrero 17, 2012 - 12:00 a.m. Por:
Elpais.com.co

Es como si en el pequeño país centroamericano se repitiera lo que ocurre en Venezuela, en El Salvador o en México. O en Colombia, donde existen cárceles como la de Villahermosa de Cali, donde hay 4.359 detenidos donde sólo caben 1.579, sus estructuras acusan el paso del tiempo y la precariedad para garantizar el respeto a los Derechos de los detenidos es evidente.

Trescientos cincuenta y seis seres humanos murieron en la cárcel de Comayagua, víctimas del hacinamiento, de la falta de previsión de Honduras para garantizar su protección y de las llamas asesinas, que se tomaron el penal mientras las autoridades demoraban tres horas en llegar al sitio de la horrorosa tragedia. ¿Será que Colombia está exenta de un hecho similar?Las historias que se han conocido casi indican que lo de menos es la forma en que se produjo el incendio, si fue un hecho fortuito, si fue un interno que protestó prendiendo fuego a un colchón o si fue un intento de fuga. Lo cierto es que ni siquiera es posible precisar el número de muertos, y el cálculo que hacen los directivos del penal sale de restarle al total de detenidos el nombre de quienes han aparecido.Un verdadero caos es lo que se presentó en la cárcel de Comayagua. Muchas de las víctimas no pudieron escapar del fuego porque sus guardianes no abrieron los candados de las celdas de un penal donde caben 250 detenidos y había 852 al momento del incendio. Algunos lograron abrir huecos en los techos, lo que los libró de la asfixia y las llamas que liquidaron a sus compañeros. Una escena dantesca, que sin embargo no es nueva en Honduras, donde ocurrieron tragedias similares en las cárceles de San Pedro Sula y de El porvenir, con un saldo de 175 víctimas en los años 2003 y 2004.Mientras los familiares de los muertos lloran la desgracia, la prensa hondureña informa que en su país existía una reforma carcelaria, la cual está engavetada pese al crecimiento del número de presos, causada a su vez por la violencia que generan el narcotráfico y las pandillas. Ahora se habla de revivir esa reforma para atender el enorme drama que deben padecer los presos.Es como si en el pequeño país centroamericano se repitiera lo que ocurre en Venezuela, en El Salvador o en México. O en Colombia, donde existen cárceles como la de Villahermosa de Cali, donde hay 4.359 detenidos donde sólo caben 1.579, sus estructuras acusan el paso del tiempo y la precariedad para garantizar el respeto a los Derechos de los detenidos es evidente. En otros términos, el hacinamiento y el olvido parecen ser la constante de los sistemas penitenciarios de casi toda América Latina, que poco hacen para lograr su rehabilitación social. Los internos parece seres tirados al olvido y de los que sólo se habla cuando aparece la tragedia.La cifra de víctimas de Comayagua es de por sí escalofriante y debe tener conmocionada a la sociedad hondureña. Un llamado de alerta para Colombia, donde la lentitud del Estado en construir penales adecuados al crecimiento de la delincuencia y la inexplicable reticencia a cambiar el sistema carcelario tiene en el Instituto Nacional Penitenciario uno de los peores ejemplos de ineficiencia y de corrupción. Ojalá no tengamos que atravesar por un drama como el de Honduras para cambiar lo que no admite espera en las cárceles de nuestro país. Y que el Estado asuma la obligación de construir sitios seguros tanto para proteger a la sociedad como para garantizar a los presos una estancia segura y el respeto a sus derechos como seres humanos.

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