El fracaso de Yasuní

Mayo 31, 2014 - 12:00 a.m. Por:
Elpais.com.co

"Ahora se escuchan las voces de protesta por la decisión del gobierno de Ecuador de permitir la explotación de petróleo que está en el subsuelo del Parque Yasuní. Y la mayoría de las naciones permanece en silencio, tal vez por la vergüenza de saber que en sus manos estuvo la posibilidad de evitar que se tocara ese pulmón verde de un millón de hectáreas en el Amazonas ecuatoriano, y al final no hizo nada".

La indiferencia frente al medio ambiente está representada hoy en el Parque Nacional Yasuní, Ecuador. La comunidad internacional perdió la oportunidad de proteger una de las mayores reservas de la biosfera y demostró que los intereses económicos están por encima de cualquier consideración ecológica.Ahora se escuchan las voces de protesta por la decisión del gobierno de Ecuador de permitir la explotación de petróleo que está en el subsuelo del Parque Yasuní. Y la mayoría de las naciones permanece en silencio, tal vez por la vergüenza de saber que en sus manos estuvo la posibilidad de evitar que se tocara ese pulmón verde de un millón de hectáreas en el Amazonas ecuatoriano, y al final no hizo nada.En un proyecto que no tenía precedentes, hace siete años Ecuador le propuso al mundo que entre todos se recaudaran US$3.600 millones para compensar los costos económicos y sociales que representaba para ese país no explotar las reservas petroleras de Yasuní. Se trataba de pagar para proteger el medio ambiente, una fórmula que no es descabellada si se tiene en cuenta que esos ‘pulmones verdes’ absorben y procesan el mayor porcentaje de gases como el dióxido de carbono, que producen los combustibles fósiles.En esos años sólo se recogieron US$13,6 millones, lo que llevó a que el gobierno ecuatoriano desistiera del proyecto y autorizara la explotación del crudo. Esta semana se expidieron las licencias para extraer 900 millones de barriles que se calcula hay en los campos definidos, y que le representarán ingresos por US$18.900 millones, con los cuales, según el presidente Rafael Correa, se podrá “vencer la miseria en el país, especialmente en la Amazonía”.Que el resto de naciones no haya apoyado la iniciativa no debería extrañar. Por años han fracasado los intentos de comprometer a la comunidad internacional con decisiones que salven el medio ambiente, se bajen los niveles de contaminación que causan el calentamiento global y perjudican la capa de ozono. Una muestra es el Protocolo de Kyoto, que busca reducir los niveles de generación de dióxido de carbono, el gas que producen combustibles como la gasolina, el Acpm y el carbón, utilizados principalmente en vehículos y en la producción industrial. Quienes se oponen a firmarlo son los países más desarrollados e industrializados, para los que la economía está por encima de las urgencias del planeta. Es la ambición en contra de la preservación del mundo; son los intereses particulares pasando por encima de la necesidad de proteger el medio ambiente. Es la creencia de que a mayor crecimiento económico habrá mejor desarrollo de la humanidad, cuando lo que se ha logrado hasta ahora es una concentración de riquezas y un desequilibrio que aumenta, especialmente en Suramérica. Yasuní hoy les duele al Ecuador y a naciones como Colombia, con las que comparte la cuenca del Amazonas. En un tiempo, no tan lejano según los informes recientes que hablan de haber alcanzado los mayores niveles de contaminación por dióxido de carbono, se convertirá en un lamento por la indiferencia e indolencia ante la posibilidad perdida.

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