El final de la protesta

El final de la protesta

Junio 06, 2017 - 11:36 p.m. Por:
Elpais.com.co

Veintidós días duró el Paro Cívico en Buenaventura, donde se produjo una protesta social contra el abandono, las promesas incumplidas, la falta de oportunidades y la urgencia de resolver las necesidades de sus quinientos mil habitantes. Luego de firmado el compromiso entre los dirigentes del movimiento y el Gobierno Nacional, lo que sigue es demandar que se cumplan los acuerdos adquiridos en el documento que permitió levantar la protesta.

Muchas cosas pasaron en esas tres semanas en las cuales Buenaventura fue protagonista de primer orden en la actualidad nacional. Como pocas veces en la historia, su población se unió de tal manera para reclamar soluciones definitivas a problemas tan acuciantes como la falta de agua potable, la ausencia de un hospital decente y la inexistencia de una educación de calidad y la corrupción que le niega su progreso.

Fue un movimiento contra la injusticia que se ha cometido con una ciudad a la cual se le ha mirado más como un problema que como lo que es, la más importante presencia de Colombia sobre el Océano Pacífico. Una ciudad que durante doscientos años ha aportado cifras enormes de recursos al ingreso nacional pero ha recibido muy poco a cambio, además de haber sido víctima de la violencia y de la corrupción que afecta aún el manejo de los asuntos municipales.

Mediante el Acuerdo logrado, el Gobierno se comprometió a crear el Fondo de Patrimonio Autónomo para Buenaventura con el cual se aseguren cifras cercanas a 1,5 billones de pesos para terminar las obras inconclusas y atender las carencias que padecen los habitantes de la segunda ciudad del Valle. Los detalles de ese pacto están a la vista de todo el mundo, y significan una nueva esperanza en la construcción de una urbe adecuada a las necesidades de quienes allí viven.

Como podía anticiparse, el paro fue un golpe duro al comercio internacional de Colombia. Durante su vigencia se dejaron de movilizar miles de toneladas de productos y mercancías importadas y de exportación. Aunque es difícil cuantificar las pérdidas, es necesario reconocer que todo el país sintió el efecto de un movimiento que pudo evitarse si la Nación asume como corresponde el deber de retribuirle a Buenaventura lo que ella aporta a la Hacienda y al progreso de todo el país.

Y se produjeron grandes pérdidas y daños para la ciudad, para su actividad social y comercial. Los desmanes que se presentaron en los inicios del paro hicieron temer por consecuencias peores que llevaran a perder de vista las justas peticiones de los bonaverenses. La actuación de las autoridades y la reflexión oportuna de los dirigentes del movimiento hicieron recuperar la calma necesaria para la negociación que el Gobierno Nacional aceptó para terminarlo.

Ahora empieza una fase crucial para Buenaventura y, sobre todo, para la dirigencia pública y privada del Valle. Es el momento de vigilar el cumplimiento del acuerdo logrado mediante la presión de la protesta social. Pero también debe ser el comienzo de una nueva época.
El Valle y Colombia ya no pueden seguir de espaldas al Pacífico y, en especial, a Buenaventura.

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