El enemigo común

Enero 10, 2017 - 12:00 a.m. Por:
Elpais.com.co

"La balacera en el aeropuerto de Fort Laudarle deja muchas inquietudes sobre la forma como las agencias de seguridad estatales de Estados Unidos y en general del mundo, se están tomando la lucha contra quienes buscan relevancia o causar terror con acciones indiscriminadas".

Cómo es que Bryan Santiago, un exmilitar con desórdenes mentales luego de su paso por la guerra en Iraq, tiene un arma en su poder, viaja con ella en avión como parte de su equipaje y luego asesina a cinco personas y deja heridas a otras 25.La balacera en el aeropuerto de Fort Laudarle deja muchas inquietudes sobre la forma como las agencias de seguridad estatales de Estados Unidos y en general del mundo, se están tomando la lucha contra quienes buscan relevancia o causar terror con acciones indiscriminadas. Ya sea que ellas lleven el sello del radicalismo o sean producto de la locura, el efecto es el mismo.En el caso de Santiago, la cadena de descuidos sorprende en un país que evita ser sorprendido. De confirmarse que hace dos meses este hombre de 25 años se presentó en una oficina del FBI en Anchorage (Alaska) para pedir ayuda por sus problemas y denunciar que lo estaban reclutando a la fuerza para servir al Estado Islámico estaríamos ante un error imperdonable.Y si algo se manifiesta en ese crimen es de nuevo la posesión de armas en los Estado Unidos, una pelea perdida hasta que no se deshaga el millonario negocio que la protege. Pero lo de Fort Lauderdale no es una excepción. Contra toda lógica, parece haber un denominador común en la escasa anticipación de quienes tienen a cargo la seguridad de millones de personas, pese a claras señales de los propios victimarios.Anis Amri, el tunecino que asesinó a doce personas e hirió a más de medio centenar en un mercado navideño en Berlín en su desbocada carrera a bordo de un camión, no era un extraño para las autoridades alemanas. Estaba fichado como islamista radical y los sitios que frecuentaba eran los cotidianos de células salafistas. Igual, solo hasta que Breitscheidplatz se convirtió en un infierno Amri pasó a ser el hombre más buscado en Alemania y luego fue abatido por la policía italiana en Milán.Más atrás, en la terrible noche del 13 de noviembre de 2015 en la que 137 personas perdieron la vida en París y más de 400 resultaron heridas por las acciones de comandos fundamentalistas, los investigadores aceptaron tarde que Bélgica era un fortín con centenares de personas capaces de ejecutar acciones terroristas. Como tardía fue la reacción de las autoridades turcas, que siguen buscando al hombre que tiñó de sangre el Año Nuevo en la discoteca Reina de Estambul, donde tuvo tiempo de disparar entre 120 y 180 veces para luego marcharse dejando 39 víctimas mortales sin que nadie le cerrara el paso.Si algo tiene el terrorismo a favor es su capacidad de sorprender, como ocurrió hace dos días en Israel cuando un camión mató a cuatro miembros de su ejército, repitiendo lo que ocurrió en la plaza de Berlín. Pero si algunas lecciones quedan es que no se puede dejar cabo suelto. Y que sólo el trabajo mancomunado de las agencias de seguridad servirá para anticipar los atentados terroristas.Claro está, con el apoyo de la ciudadanía, en estos tiempos de la tecnología. Una causa a la que nadie debe sentirse ajeno en ningún lugar del planeta, porque puede ser la próxima víctima.

VER COMENTARIOS
Columnistas
Publicidad