El drama del Pacífico

Agosto 25, 2012 - 12:00 a.m. Por:
Elpais.com.co

La guerrilla, tanto Farc como ELN, los paramilitares y bandas criminales como los Rastrojos, reconocen esa importancia estratégica: Son ellos, a través de una guerra territorial, los culpables del aumento en las muertes violentas. Una disputa por controlar ese territorio que hoy es considerado como la capital del narcotráfico de Colombia.

Quince días sin energía completaron ayer los municipios costeros de Barbacoas, Roberto Payán, Magüí y Tumaco, es decir una población de más de 250.000 habitantes, por la voladura de ocho torres de conducción eléctrica por parte de la guerrilla de las Farc.Paradójicamente, la oscuridad que padecen ha vuelto a poner los ojos del país en las ciudades del pacífico colombiano convertidas en objetivo del terrorismo desde hace décadas. La falta de energía agravó la situación de los servicios de salud y educación que de por sí son débiles: El bombeo de agua en Tumaco colapsó, se declaró la emergencia sanitaria en el sistema hospitalario, los centros educativos suspendieron clases y se adelantaron las vacaciones de octubre. En la segunda ciudad sobre el Pacífico, el sector comercial calcula pérdidas por $8.000 millones durante la quincena en que no tuvo fluido eléctrico y teme que la situación empeore si no se restablece el servicio. Y los precios de la canasta familiar aumentaron para las más de 170.000 personas que allí padecen por los atentados de las Farc.Además, continúa la presión sobre pequeños y grandes comerciantes a través de la extorsión generalizada, lo que ha obligado a muchos a abandonar la zona, por el miedo a que en su negocio estalle una bomba. Como telón de fondo a esta crisis humanitaria aparece la violencia. Es que por su ubicación al extremo sur de Colombia y el acceso al mar, Tumaco otorga ventajas notorias para el tráfico de drogas ilícitas. La guerrilla, tanto Farc como ELN, los paramilitares y bandas criminales como los Rastrojos, reconocen esa importancia estratégica: Son ellos, a través de una guerra territorial, los culpables del aumento en las muertes violentas. Una disputa por controlar ese territorio que hoy es considerado como la capital del narcotráfico de Colombia.En lo corrido de agosto la Diócesis de Tumaco reporta trece muertes causadas por los ajustes de cuentas. La situación ha llegado a tal extremo que la Diócesis hizo pública el miércoles pasado una carta en la que pide “a todos los actores armados ilegales que por la lucha por el control territorial y la economía ilegal mantienen cautivos a barrios y comunidades enteras, que respeten la convivencia del diario vivir de las comunidades de la Costa Pacífica Nariñense, que no involucren a la población civil y sobre todo: que respeten la vida, que es sagrada”. Ante el sombrío panorama ¿cuál es la respuesta del Estado? Más seguridad que se expresa en el aumento del número de soldados y policías. Está muy bien que ante el desafío de los violentos el Estado imponga el orden. Pero los problemas de los municipios costeros de Nariño son mucho más graves: es el desempleo que supera el 65% de la población económicamente activa y la falta de oportunidades que ha ocasionado una diáspora impresionante, llevándose el capital humano de Tumaco, y generando una economía basada en el narcotráfico que afecta barrios y destruye vidas sin piedad. ¿Qué hacer? Sin duda, hay que desterrar a los violentos. Pero ante todo, Colombia debe sacar a Tumaco y el Pacífico colombiano del olvido ancestral al que los han condenado.

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