El desafío para Europa

Abril 06, 2016 - 12:00 a.m. Por:
Elpais.com.co

"Europa tiene un desafío mayor al de levantarse del dolor, la indignación y el temor que le provocan los ataques terroristas recientes, o incluso de evitar que se repitan. Su reto es cómo integrar al crisol de inmigrantes que llevan varias generaciones llegando a su territorio, acoger a los recién llegados y con ellos construir la tranquilidad".

Europa tiene un desafío mayor al de levantarse del dolor, la indignación y el temor que le provocan los ataques terroristas recientes, o incluso de evitar que se repitan. Su reto es cómo integrar al crisol de inmigrantes que llevan varias generaciones llegando a su territorio, acoger a los recién llegados y con ellos construir la tranquilidad.La historia demuestra que, pese a la percepción, el terrorismo en las capitales europeas ha disminuido. Estudios de la Universidad de Maryland revelan que mientras en 1979 se realizaron 800 ataques, en el 2015 fueron 200; la diferencia es que los actuales, en su mayoría con el sello del extremismo religioso, son más letales, afectan a más personas y reciben un despliegue mediático impensable hace cuatro décadas.Pero si bien los actos terroristas se han reducido, han destacado la fragilidad de la seguridad de la Unión Europea y su incapacidad para combatir la guerra que el fundamentalismo le ha declarado. Lo real es que ese Continente se encuentra en medio de una confrontación que está lejos de ser una guerra tradicional, y que tiene uno de sus principales orígenes en la tarea inacabada de hacer la integración cultural que demanda la constante y sostenida migración, tolerada por muchas razones.Por ello Europa debería comenzar por mirar su historia en relación con las naciones de las que, antes y ahora, han migrado miles de seres humanos. Siria, sede de la organización terrorista Estado Islámico, es un caso para mirar. Luego de la Primera Guerra Mundial varios países europeos se repartieron a planas este territorio, aprovechando sus reservas de petróleo y la ruta comercial que ofrece la zona. Tras abandonar la región, esta quedó al garete, a merced del conflicto, con desconocimiento sobre su derecho a la autodeterminación y con las secuelas que dejó la ambición europea.Siria, por ejemplo, es un país sumido en su guerra interna, con el 75% de su población en la pobreza y el 50% desplazada. Un panorama sombrío que permite entender por qué sus habitantes prefieren jugarse la vida para llegar a la Unión Europea. Como esa son muchas las historias que se repiten hace décadas y ha llevado a que ciudades como Bruselas, Bélgica, sean una olla de culturas, razas y creencias, y caldo de cultivo para el terrorismo que se gesta en el fundamentalismo o los extremismos.El desafío para la UE es cómo integrar a esos inmigrantes a sus sociedades, respetando sus tradiciones y cultura. ¿Hasta dónde es necesario prohibir el uso de la burka en los espacios públicos, como lo decretó Francia hace cinco años, u obligar a los inmigrantes a hablar el idioma oficial como plantea Alemania?Asuntos como portar prendas diferentes o hablar otro idioma llevan a construir barreras imaginarias que terminan en guetos donde el rencor es pan de cada día. Es entonces cuando aparecen la radicalización y la venganza. Son fenómenos que mediante el terrorismo tiene a Europa adolorida y confusa, preguntándose qué hacer para acabar con un enemigo que ataca a traición sin que sea posible evitar sus esporádicas pero letales apariciones.

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