El derecho a convivir en paz

El derecho a convivir en paz

Octubre 09, 2016 - 12:00 a.m. Por:
Elpais.com.co

Quizás sea una ilusión pensar que ese cambio es factible, pero hay que intentarlo. Es posible que existan concepciones y puntos de vista que se vean hoy como murallas que impiden modificar lo acordado en la negociación de seis años. Pero es la gente del común, sin intereses distintos a la paz nacional y a la tranquilidad en Colombia, la que está reclamando ese paso.

Luego de las primeras conversaciones entre el Gobierno y los representantes del No al plebiscito, las plazas y calles de las principales ciudades del país han recibido manifestaciones de respaldo a la intención de crear un consenso nacional para sacar adelante el propósito de alcanzar la paz.Parecería contradictorio el que miles de participantes en esas movilizaciones espontáneas hubieran votado por la negativa, o que sean de aquellos que se abstuvieron de participar en la consulta. Sin embargo, no es así. Tras la reunión en el Palacio de Nariño del Gobierno Nacional con los principales dirigentes de la oposición y con voceros de movimientos no alineados con partido alguno, empezó a resurgir la esperanza de lograr una revisión que permita superar diferencias. En apariencia, es lo contrario al veredicto expresado por la mayoría de los sufragantes, lo que daría a entender que quedó sepultado el acuerdo negociado y firmado con las Farc.Pero es todo lo contrario. Desde que los expresidentes Andrés Pastrana y luego Álvaro Uribe se dieron la mano con el presidente Santos en la sede del Gobierno luego de años de distanciamiento acalorado y de descalificaciones mutuas, los colombianos interpretaron que sí era posible buscar un acuerdo entre las fuerzas políticas distantes entre sí pero respetuosas de la democracia para devolverle la vida al acuerdo con la guerrilla. Y empezaron a reclamar ese acuerdo sin que mediara una convocatoria formal o la presencia de los dirigentes tradicionales. A partir del miércoles por la noche no ha existido necesidad ni oportunidad para los discursos ni los lemas partidistas. Los partidarios del Sí y del No marcharon juntos, al lado de muchos abstencionistas, para reclamar que se mantenga esa búsqueda de consenso. Es el movimiento de opinión alejado de las banderas partidistas que ha servido para despejar la incertidumbre sobre las consecuencias que tiene el resultado del plebiscito celebrado el pasado dos de octubre. Es la posibilidad de hacer ajustes y cambios al acuerdo celebrado en La Habana y ratificado el veintiséis de septiembre, sobre la base de escuchar los puntos de vista y buscar los puntos de aproximación que permitan llegar a la solución que se espera.Es difícil, pero no imposible. Por supuesto, hay que contar con la disposición de los dirigentes de las Farc para volver a sentarse a la mesa, a discutir esos cambios. Sin embargo, sus declaraciones dan a entender su voluntad de no retornar a la lucha armada y su reiterada intención de regresar a la sociedad y ejercer la política sin armas y sin violencia. Quizás sea una ilusión pensar que ese cambio es factible, pero hay que intentarlo. Es posible que existan concepciones y puntos de vista que se vean hoy como murallas que impiden modificar lo acordado en la negociación de seis años. Pero es la gente del común, sin intereses distintos a la paz nacional y a la tranquilidad en Colombia, la que está reclamando ese paso. Es el derecho a tener una vida en convivencia. Es la obligación de terminar con una violencia estéril, fratricida e inútil. Es hora de atrevernos a buscar esa convivencia que reclama y a la que tiene derecho nuestra nación.

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