El deporte y la ética

Junio 08, 2013 - 12:00 a.m. Por:
Elpais.com.co

La maraña de delitos que enreda a las actividades deportivas demanda del concurso de los gobiernos para que se establezcan controles en todas las disciplinas; de las autoridades y de la Justicia para que persigan a las mafias locales y transnacionales y sancionen a los responsables; de los clubes y federaciones para que garanticen la transparencia y el juego limpio.

Desde que los deportes dejaron de ser escenarios de sana competencia y entretenimiento para convertirse en lucrativos negocios, los males empezaron a rondarlos. Organizaciones delincuenciales que traspasaron las fronteras y en las que se han involucrado dirigentes, técnicos, deportistas e incluso funcionarios públicos, les dieron un portazo a la ética y las buenas prácticas. El problema es mundial y requiere de la intervención de gobiernos y organizaciones internacionales.Sobre ello recaba la Declaración de Berlín firmada por 130 países en la Conferencia Internacional sobre la Educación Física y el Deporte, que se celebró en Alemania por iniciativa de la Unesco. Es la primera vez que se unifican compromisos para luchar contra el dopaje, la corrupción, las apuestas ilegales, la compra de sedes o de resultados deportivos y otras malas prácticas.El texto reconoce cómo el dinero excesivo que circula en los deportes ha llevado a que “valores esenciales como el juego limpio, la recompensa del mérito y la incertidumbre en el resultado de las competiciones” pasen a un segundo plano. Los ejemplos abundan: el dopaje en el ciclismo, donde se creó una mafia de la que hicieron parte farmacéuticas, médicos, técnicos y pedalistas llevó a crear ídolos de barro como Lance Armstrong, siete veces campeón del Tour de Francia o víctimas mortales como el fallecido Marco Pantani. En el fútbol, la policía de Europa desmanteló una organización de apuestas ilegales que operaba en 15 países, detuvo a 50 personas y comprobó que 380 partidos de 425 analizados fueron comprados o amañados. Así mismo se han destapado alianzas para escoger sedes de eventos deportivos mundiales a través del pago de sobornos a miembros de los comités de selección, o la compra de equipos en los que se ofrecen dádivas a gobiernos y funcionarios. Colombia vivió épocas nefastas en las que se utilizó a equipos de fútbol para lavar dinero del narcotráfico o para demostrar el poder corruptor de los carteles.La maraña de delitos que enreda a las actividades deportivas demanda del concurso de los gobiernos para que se establezcan controles en todas las disciplinas; de las autoridades y de la Justicia para que persigan a las mafias locales y transnacionales y sancionen a los responsables; de los clubes y federaciones para que garanticen la transparencia y el juego limpio. De ahí el llamado que se hace en la Declaración de Berlín para que se creen fiscalías especializadas en investigación deportiva, todos los países ratifiquen la Convención Internacional contra el Dopaje y se adelante una cooperación efectiva entre los Estados.Pero se hace imprescindible incluir en los programas educativos la promoción de una cultura de la ética y la responsabilidad en la práctica deportiva. Ahí está la mayor posibilidad de acabar con los males que enlodan hoy a las diferentes disciplinas, de formar atletas integrales y respetuosos, entrenadores y árbitros incorruptibles, así como dirigentes que no se vendan. Al deporte hay que devolverle su dignidad, perdida en medio de la ambición que abre las puertas al delito.

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