El debate cafetero

Noviembre 07, 2014 - 12:00 a.m. Por:
Elpais.com.co

Entre los argumentos de la propuesta que presentó la Misión está la pérdida de participación en el mercado. Pero, en este caso, el problema no está en estar de tercero o cuarto en el mundo, sino en vender el café a buen precio. Que es lo que hace la Federación, al garantizarle al productor la compra de su cosecha y el buen pago de ella. Lo contrario, dejar ese negocio al arbitrio de los compradores privados, casi todos las multinacionales, es exponer a esas quinientas mil familias a riesgos que no deben correr.

Luego de conocerse el informe preliminar de la Misión de Estudios para la Competitividad de la Caficultura en Colombia, se desató un debate sobre su contenido. Discusión sana, que debe llevar a crear el consenso para defender una industria de la cual dependen 550.000 familias en Colombia. Los antecedentes de esa Misión se encuentran en la crisis que vivió el café durante cuatro años, que puso en peligro su existencia, y que fue ocasionada por la combinación de factores, los principales de los cuales fueron la reducción sensible de su producción, que pasó de doce millones sacos a menos de ocho por año; el perverso efecto de la revaluación del peso, en un negocio donde el 80% de lo producido se exporta;y la caída de los precios internacionales del grano, en un mercado afectado por la abundancia de oferta de todo tipo.Paralela a esa realidad estaba el cuestionamiento a la Federación Nacional de Cafeteros, entidad que representa a los cultivadores, y a la cual se acusó de problemas como el burocratismo y la relación demasiado estrecha con el Gobierno, lo cual permitió que se presentaran maniobras para imponer sus dirigentes. Así mismo, las dificultades llevaron al surgimiento de una división, que encarnadas por entidades calificadas como de dignidad cafetera, se convirtieron en críticos de la Federación y a la vez grupos de presión al Estado por las vías de hecho.Esa crisis dio nacimiento a la Misión encabezada por el economista y asesor de la Presidencia de la República, Juan José Echavarría. Su informe va dirigido a plantear fórmulas de solución a una crisis que parecía definitiva y hoy ya no lo es, porque la producción aumentó, llegando a los doce millones de sacos, el precio internacional subió, debido a la escasez y a la demanda, y la revaluación desapareció, lo cual implicó la desaparición del subsidio a travéz del Programa de Protección al Ingreso Cafetero, PIC, que el gobierno debió crear de afán para evitar el derrumbe de un sector vital para la economía y para la tranquilidad tanto social como política de la Nación. Entre los argumentos de la propuesta que presentó la Misión está la pérdida de participación en el mercado. Pero, en este caso, el problema no está en estar de tercero o cuarto en el mundo, sino en vender el café a buen precio. Que es lo que hace la Federación, al garantizarle al productor la compra de su cosecha y el buen pago de ella. Lo contrario, dejar ese negocio al arbitrio de los compradores privados, casi todos las multinacionales, es exponer a esas quinientas mil familias a riesgos que no deben correr. El asunto es pues de gran calado para Colombia: qué hacer con el café, con los cafeteros y con la Federación. Lo que no se puede olvidar es que, con todo y errores como la intervención del gobierno y el excesivo centralismo, la entidad es mucho más que un gremio y los cultivadores son parte fundamental de la nacionalidad colombiana. Bajo esa perspectiva es que deben producirse las necesarias reformas a unas instituciones que han cumplido papel esencial en el progreso de buena parte del país y pilar de la paz en la cual está empeñado el presidente Juan Manuel Santos.

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