El crimen no paga

Julio 08, 2010 - 12:00 a.m. Por:
Elpais.com.co

La Justicia francesa condenó al ex general Manuel Noriega, otrora hombre fuerte de Panamá, a siete años de cárcel y al pago de una multa por valor cercano a los US$3.000.000. La condena, luego de pagar 20 años de prisión en Estados Unidos, fue por utilizar cuentas bancarias francesa para transferir millones de dólares provenientes del tráfico de cocaína efectuado por el cartel de Medellín a través de la república canalera. Asimismo, se le condenó a pagar US$1.259.000 más al Estado de Panamá, por “perjuicios morales”.Observar la imagen abatida del viejo general que manipulaba la nación hermana a través de la intolerancia y la violencia contra sus opositores, al tiempo que ponía a su país al servicio de los narcotraficantes, sin duda produce un alivio en las conciencias democráticas del continente y lanza un duro mensaje a quienes persisten en convivir desde el poder con delincuentes de toda laya, especialmente narcotraficantes.Las relaciones de Noriega con la agencia estadounidense de inteligencia son bien conocidas. Tanto como el desgaste que sufrió esa unión debido a los excesos del General, que terminó convertido en dictador. Fue reclutado por la CIA desde que era un estudiante en la academia militar de Perú y buena parte de su meteórica carrera en las Fuerzas Militares panameñas se debió a esa relación. Llegó a ser el segundo al mando después del nacionalista general Torrijos y pasó a ocupar su lugar luego de que éste muriera en un misterioso accidente aéreo en 1981.Al lado de Torrijos, Noriega saboreó las mieles de la victoria panameña al lograr la devolución del Canal, sin duda el más importante activo de la pequeña república. Por eso trató de imitar al líder fallecido, dándose la licencia de utilizar un lenguaje populista y de sesgo antiestadounidense, él, que había estado al servicio de los cuerpos de inteligencia norteamericanos durante toda su vida.Pero Noriega no era Torrijos y el pueblo de Panamá lo sabía, también lo sabían los Estados Unidos. De allí que su demagogia no calara y que una importante oposición de capas medias y sectores intelectuales gestara un movimiento civil para sacarlo del poder. Noriega no vaciló entonces en aliarse con el narcotráfico, comprar con esos dineros malditos al lumpen de las barriadas populares panameñas y dedicarse a perseguir violentamente a la oposición, hasta llegar al asesinato del dirigente Hugo Spadafora, crimen por el que la Justicia panameña lo condenó a la máxima pena.Este chafarote de dudosa moral y evidente patanería fue uno de los últimos dictadores militares del continente, que llegó a convertir a la hermana República en el mayor lavadero de los narcotraficantes colombianos, hasta que provocó la intervención militar de los Estados Unidos.Noriega es el ejemplo de que la alianza perversa entre el narcotráfico y el poder no prospera. Más aún cuando los ojos del mundo se mantienen vigilantes y dispuestos a aplicar la ley y la justicia . Ni la demagogia, ni el populismo podrán convertirse en refugio para quienes se unen al crimen para seguir gobernando.

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