El conflicto eterno

Agosto 02, 2013 - 12:00 a.m. Por:
Elpais.com.co

"El escepticismo que rodea a los nuevos diálogos tiene fundamentos sólidos. Es que ya han sido muchos los intentos y muchos los fracasos. Desde los diálogos de Camp David en el año 2000 entre Ehud Barak y Yasser Arafat, hasta los últimos en el 2010, cuando se reunieron Benjamín Netanyahu y Mahmud Abbas, lo que ha existido es una constante frustración, causada por la existencia de barreras al parecer infranqueables que llevan a nuevas frustraciones".

Por enésima vez desde que fue expedida la resolución 181 de la Organización de Naciones Unidas que en 1947 recomendó la división de Palestina y originó la creación del Estado de Israel, los representantes de esas naciones se reúnen para negociar el fin de su conflicto. El ambiente es pesimista, pese al entusiasmo que ha puesto el Gobierno de los Estados Unidos, que auspició la primera reunión de los delegados en Washington.El escepticismo que rodea a los nuevos diálogos tiene fundamentos sólidos. Es que ya han sido muchos los intentos y muchos los fracasos. Desde los diálogos de Camp David en el año 2000 entre Ehud Barak y Yasser Arafat, hasta los últimos en el 2010, cuando se reunieron Benjamín Netanyahu y Mahmud Abbas, lo que ha existido es una constante decepción, causada por la existencia de barreras al parecer infranqueables que llevan a nuevas frustraciones. Todo parece un círculo vicioso, colado de exigencias y respuestas terminantes, donde el fundamentalismo y la desconfianza hacen casi imposible pensar en una solución pacífica en el futuro inmediato.El telón de fondo es entonces la violencia, las demostraciones de fuerza y la complejidad de la zona donde conviven palestinos e israelíes, el Oriente Medio. Es esa región, que hoy parece una caldera en ebullición, donde se concentran conflictos de toda índole, desde económicos hasta políticos, pasando por los religiosos, los raciales y ahora los internos como los que padecen Siria y Egipto. Todo ello se mueve como un complejo ajedrez impulsado también por los intereses estratégicos de las potencias que sin ser parte de la zona tienen influencia y son protagonistas de primera línea.Esta visión es necesaria para entender la complejidad de lo que está en juego. Por supuesto, resolver las diferencias entre Palestina e Israel es la prioridad. Objetivo difícil, ante la acumulación de hechos que han marcado los 66 años que van desde la creación del Estado israelí: guerras, terrorismo, disputas territoriales y una injerencia creciente de las diferencias religiosas y culturales entre el islamismo y el judaísmo, son elementos que deben resolverse para lograr la convivencia a que están obligados dos pueblos nacidos en el mismo territorio. Y no faltarán las soluciones a problemas como el crecimiento de los asentamientos en territorio palestino, la neutralización del terrorismo de Hamas que reclama la desaparición de Israel y la influencia de países como Irán. Pero cada vez es más claro que no bastan los gestos como el de Israel al liberar 104 palestinos presos desde antes de 1993, o que Palestina ya no reclame de entrada la suspensión de los asentamientos en su territorio. Ahora, para despertar algo de optimismo, se requiere una actitud generosa que permita construir algo de confianza entre las partes, además del compromiso de los vecinos y las potencias de apoyar e impulsar un acuerdo. De lo contrario, los diálogos caerán de nuevo en el fracaso que crea desesperanza y ha convertido al conflicto en uno de los más largos de la historia moderna.

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