El clamor de Buenaventura

El clamor de Buenaventura

Febrero 10, 2013 - 12:00 a.m. Por:
Elpais.com.co

“Buenaventura está en cuidados intensivos, como un enfermo terminal”, dice el Prelado Católico que desde el 2004 viene levantando su voz contra la inequidad y la violencia que golpean a los bonaverenses. Con ello resume la absurda historia que acompaña a una población que debería ser próspera y pujante pero está sumida en la pobreza y el abandono.

De nuevo, la violencia pone a Buenaventura en las primeras páginas de la crónica roja. La crueldad y la sevicia de las bandas criminales que se disputan metro a metro el control del municipio es la noticia, mientras el abandono y el drama social siguen golpeando a una sociedad que reclama paz y oportunidades de progreso. “Casas de pique” le denominan los habitantes de la martirizada ciudad al nuevo y horripilante método que los delincuentes están aplicando en la guerra sin cuartel que desarrollan frente a todo el mundo, incluyendo el Ejército y la Policía. Y no parecen suficientes las denuncias que el periodismo y monseñor Héctor Epalza vienen realizando desde hace años. Al parecer, el requisito para iniciar la acción oficial contra el terror necesita de una denuncia con cédula ante la autoridad competente. Es decir, los ciudadanos, atemorizados por el terror y atónitos ante la violencia desenfrenada, deben poner la cara y arriesgar sus vidas para cumplir un trámite. No ha sido suficiente que la comunidad en su conjunto hayan venido denunciando los horrores que le ha tocado presenciar. Ni que el señor Obispo de Buenaventura lleve años reclamando por la ayuda que necesita la gente para defenderse del horror que le causan las organizaciones criminales, ellas sí conscientes del valor estratégico que significa la ciudad más importante de Colombia sobre el Pacífico. “Buenaventura está en cuidados intensivos, como un enfermo terminal”, dice el Prelado Católico que desde el 2004 viene levantando su voz contra la inequidad y la violencia que golpean a los bonaverenses. Con ello resume la absurda historia que acompaña a una población que debería ser próspera y pujante pero está sumida en la pobreza y el abandono. Una ciudad de la cual sólo se habla bien de sus muelles, como quiera que es el puerto por donde se mueve más del 50% del comercio exterior de la Nación, pero no tiene una universidad y presenta un desempleo del 60% o más de su fuerza laboral. En fin, un municipio del cual sólo se habla por los escándalos de corrupción que han protagonizado en el pasado sus administraciones, o por el desastre que causa la minería ilegal en Zaragoza y el resto de su extenso territorio, y al cual se menciona por el incomprensible estado en que se encuentra la carretera que lo comunica con el interior del país. O cuando algún funcionario anuncia los acostumbrados auxilios para la gente de escasos recursos, programas asistencialistas que no atacan las causas de la miseria y el atraso ni resuelven el problema de fondo.Ese es el estado de cosas que el Valle debe rechazar y la Nación debe cambiar. Buenaventura es la segunda ciudad del departamento y su gente necesita apoyo para superar el desastre que padece; para dejar atrás la miseria crónica y la desesperanza, y generar su propio desarrollo, negado por el centralismo de Bogotá que sólo ve en ella la posibilidad de producir más ingresos a través de su aduana. Ya basta de tenerla encabezando la crónica roja, a merced del narcotráfico y las bandas criminales: sus habitantes merecen tener oportunidades para construir un mejor futuro.

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