El círculo vicioso

El círculo vicioso

Diciembre 12, 2012 - 12:00 a.m. Por:
Elpais.com.co

"En sentido estricto esta situación es la repetición de errores reiterados, tanto de palestinos como de israelíes, que han impedido una solución honorable al ya eterno conflicto del Medio Oriente".

En una decisión que se consideró una “bofetada diplomática”, la Asamblea general de las Naciones Unidas aprobó aceptar a Palestina como Estado observador que no tiene la calidad de miembro pleno y reiteró que sus límites deben ser los aprobados por la misma ONU en 1967.183 naciones votaron a favor. Los que se opusieron a la propuesta fueron Estados Unidos, Israel, Canadá, República Checa (el único europeo), Palau, Nauru, Islas Marshall, Micronesia y Panamá (el único latinoamericano). La mayoría de América Latina votó a favor, incluido México para asombro de muchos, porque se trata de un país que no reconoce a los palestinos como Estado. Se abstuvieron tres naciones de la región: Paraguay, Guatemala y Colombia.No se trata de una sorpresa, pues la mayoría de los miembros de la ONU han votado en sucesivas ocasiones a favor de los palestinos y en contra de las pretensiones israelíes. Y poco le ha ayudado a Israel que en casi todas las ocasiones haya hecho caso omiso de las decisiones. “Pondremos nuestros intereses vitales por encima de cualquier otra consideración”, es el principio por el que se ha guiado el Estado judío en estas controversias.Para muchos, si el Gobierno israelí ya aceptó la solución de “dos Estados”, no tiene sentido su rechazo a la ONU. Pero en Israel se dice que con la resolución de Naciones Unidas, que insiste en unos límites discutibles, se echa al traste con la “hoja de ruta” aprobada en Oslo, que ha sido la guía para las negociaciones de paz entre israelíes y palestinos. Se forzó --dicen-- un acuerdo al que no se ha llegado en la mesa de conversaciones. Tal vez por esta decepción, el Gobierno israelí respondió a la decisión de la ONU con la autorización para construir 3.000 viviendas judías en territorio palestino, creando un corredor que separa a Jerusalén -uno de los motivos principales de la disputa- de la Cisjordania palestina.Tal respuesta no podría ser más apresurada, pues muestra que Israel quiere más territorio del que ya posee, dejando sin sentido también los diálogos de paz. Peor aún, le ha granjeado la crítica de su principal aliado, el gobierno de los Estados Unidos. Para la secretaria de Estado Hillary Clinton “A la luz de los anuncios de hoy, déjenme reiterar que este gobierno, como gobiernos previos, ha sido muy claro con Israel al decir que estas actividades retrasan la causa de una paz negociada”. Esto los sostuvo en un evento en Washington al que asistieron diplomáticos israelíes.En sentido estricto esta situación es la repetición de errores reiterados, tanto de palestinos como de israelíes, que han impedido una solución honorable al ya eterno conflicto del Medio Oriente. Y la fuente de los desaciertos estriba en que ambos gobiernos tienen fuerte influencia de los extremistas religiosos, islamistas en un caso y judíos fundamentalistas en el otro.Para el escritor israelí Amos Oz, fuerte candidato al Nobel de Literatura, la desgracia es que las decisiones no las toman los laicos, sino los fundamentalistas en el poder. Y así todo el proceso se convierte en un círculo vicioso de intolerancia, provocaciones, radicalismos y retaliaciones. Hoy, con la decisión de la ONU y la respuesta de Israel, la paz en medio oriente parece más lejos que nunca.

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