El círculo vicioso

Mayo 21, 2014 - 12:00 a.m. Por:
Elpais.com.co

"Los casos de accidentes y tragedias como la de Fundación pueden contarse por centenares en los últimos años. Con mayor o menor cantidad de vidas sacrificadas, el resultado no sirve para conmover al Estado y obligarlo a cumplir con el deber de defender la integridad de los usuarios, haciendo respetar las normas y los reglamentos de tránsito".

Cada que se presenta una tragedia como la de Fundación en el departamento de Magdalena, donde murieron 33 niños, el país, empezando por las autoridades se rasga las vestiduras, clamando por justicia para las víctimas y castigo para los responsables. Pero poco se hace para anticiparse a las consecuencias que deja la mezcla de complicidad, corrupción y omisión que hacen posible los accidentes causados por la irresponsabilidad en el cumplimiento de las normas.El conductor que causó la conflagración no tenía pase y no obstante transitaba con libertad por las carreteras de la región donde se produjo el hecho. El vehículo carecía de seguro obligatorio, no tenía salidas de emergencia, no portaba extintor y era usado para transportar gasolina de contrabando. Casi todos eso lo debieron conocer las autoridades de Tránsito, y por lo menos alguno de los mayores que organizaron el viaje debió preguntar por la seguridad de los pasajeros.Pero nadie hizo nada. Como siempre ocurre, al señor no se le podía coartar su derecho a conseguir el sustento, así fuera con una actividad que implicaba una amenaza contra la vida d sus pasajeros, y no se le pedía el cumplimiento de las normas, quizás porque con ello se podía cerrar un lucrativo renglón de ingresos para los funcionarios corruptos. Todos jugaron al riesgo de que se presentara una tragedia. Y todos, incluido el conductor que vio como morían varios miembros de su familia, perdieron.Ese hecho no es nuevo en Colombia. Es suficiente con recordar las decenas de accidentes que se han presentado en las vías del Cauca y el Valle en los buses de transporte público que transitan por carreteras en precarias condiciones. Buses pintorescos, de los cuales la mayoría ha cumplido su vida útil y son llevados a esas montañas, bajo el convencimiento de que allí no serán interceptados por no cumplir los requisitos de seguridad y las normas, y que podrán transar con facilidad las sanciones en caso de que los detengan.Los casos de accidentes y tragedias como la de Fundación pueden contarse por centenares en los últimos años. Con mayor o menor cantidad de vidas sacrificadas, el resultado no sirve para conmover al Estado y obligarlo a cumplir con el deber de defender la integridad de los usuarios, haciendo respetar las normas y los reglamentos de tránsito. O de impedir que se utilice el servicio de transporte público para disfrazar el acarreo ilícito de combustible, convirtiendo a los buses en verdaderas bombas sobre las cuales se montan los pasajeros.Es el círculo vicioso que construyen derechos mal entendidos, autoridades permisivas cuando no venales, y la costumbre perniciosa de permitir que los buses en mal estado de las ciudades terminen su vida circulando en las carreteras, pueblos y veredas del país, sin ningún control. Ese es el causante de la tragedia de Fundación. Para que no se repita, no es necesario crear más instituciones inútiles que no aportan a la seguridad: basta con que las autoridades y la sociedad se comprometan a cumplir las normas creadas para defender la vida de los usuarios.

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