El caos

El caos

Mayo 02, 2013 - 12:00 a.m. Por:
Elpais.com.co

"Es el caos total, generado por una legislación que no consulta la realidad y un Estado que en su conjunto no tiene una política clara para atender el fenómeno de la delincuencia juvenil. Que se desentiende de sus obligación principal, la de proteger a los niños y jóvenes que en las barriadas populares crecen sin autoridad y sin educación, expuestos a la delincuencia que ve en ellos un instrumento eficaz para cometer sus fechorías ..."

Ante la situación que se vive en los hogares de reclusión para menores infractores o delincuentes de Cali, es claro ya que se agotaron el tiempo, la paciencia y los adjetivos para calificar lo que no tiene otra calificación que el fracaso. Y que se necesita decisión para impedir la amenaza que se perfecciona en esos centros pero se prepara en las calles y en los barrios donde los jóvenes y niños, huérfanos de protección familiar y estatal, están expuestos a la delincuencia.En la última semana fueron 68 jóvenes los evadidos de los denominados centros de rehabilitación del Valle del Lili y del Buen Pastor. De ellos murieron tres, diez quedaron heridos y entre 30 y 40 aún están prófugos. Pero en los últimos cinco años, las fugas pueden superar el millar, mientras las autoridades se acusan unos a otros de la responsabilidad y se presentan motines constantes en los dos centros de reclusión.Y todo parece propio de una película de terror: mientras la ley pretende usar la persuasión para manejar esos sitios donde se concentran delincuentes de peligrosidad notoria, el Estado en su conjunto parece desentenderse de su responsabilidad. Hasta que explota el problema y se descubre que allí hay tráfico de estupefacientes y que entregar su administración a comunidades religiosas es una ingenuidad. Y que la infraestructura construida no es la adecuada, carece de seguridades, además de que ya se presenta sobrepoblación como en cualquier cárcel.Allí es cuando revienta la asonada de los menores que destrozan el lugar para escapar, poniendo en riesgo sus vidas. Es entonces cuando aparece el representante del Instituto Colombiano de Bienestar Familiar que no atina a dar una respuesta coherente mientras las críticas crecen y en el otro sitio de reclusión, la antigua prisión para mujeres en el corazón de la ciudad, se presentan dos asonadas que obligan a la intervención de los grupos antimotines de la Policía. Es el caos total, generado por una legislación que no consulta la realidad y un Estado que en su conjunto no tiene una política clara para atender el fenómeno de la delincuencia juvenil. Que se desentiende de sus obligación principal, la de proteger a los niños y jóvenes que en las barriadas populares crecen sin autoridad y sin educación, expuestos a la delincuencia que ve en ellos un instrumento eficaz para cometer sus fechorías porque no pueden ser imputados de delitos cuando no tienen 18 años y porque son seducidos con facilidad con pocas sumas de dinero para convertirlos en criminales.Esas condiciones son las que revientan en los centros de reclusión, donde las fugas son frecuentes y las autoridades impotentes. Donde se mezclan avezados delincuentes con niños que merecen otro tratamiento pero terminan siendo la carne de cañón de las asonadas. Allí, en los centros inconclusos a los cuales no se entregan los recursos que se requieren, no se está cumpliendo el deber de rehabilitar a los menores. Lo que se está haciendo es terminar con las oportunidades que necesitan esos menores para rehacer su vida y transformarse en ciudadanos de bien.

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