El cáncer de la corrupción

Julio 17, 2011 - 12:00 a.m. Por:
Elpais.com.co

"...Los hechos indican que se está sacrificando el concepto de servicio público en aras del enriquecimiento rápido. Y que los cargos públicos ya no son tomados sólo como una fuente de trabajo y servicio, sino como la oportunidad para montar mafias para defraudar a la Nación...".

El de esta semana fue el de la Dirección de Impuestos y Aduanas Nacionales, Dian. Es es último de los escándalos de corrupción descubiertos por las autoridades en los organismos del Estado. El alud de descubrimientos propiciados por el Gobierno Nacional, La Fiscalía, la Procuraduría y la Policía, parecen indicar que Colombia perdió la sensibilidad ante un fenómeno, o mejor, una epidemia que arrasa con los recursos públicos y destruye la confianza en sus instituciones. Los hechos indican que se está sacrificando el concepto de servicio público en aras del enriquecimiento rápido. Y que los cargos públicos ya no son tomados sólo como una fuente de trabajo y servicio, sino como la oportunidad para montar mafias para defraudar a la Nación.Lo descubierto en la Dian tiene connotaciones muy graves. Además de significar la pérdida de un billón y medio de pesos en devoluciones fraudulentas del Impuesto al Valor Agregado, descubre una organización para delinquir que desfalcó las arcas públicas durante cinco años, según informan las autoridades. Y se convierte en otro escándalo de aquellos que desmotiva a los contribuyentes, además de poner en tela de juicio la seriedad y responsabilidad del Estado colombiano en el cuidado de sus obligaciones como guardián del patrimonio nacional. Pero lo que debe llamar la atención de los colombianos es la forma en que se roba con descaro a todo nivel. Se desfalca a los Municipios, a los Departamentos y en los Ministerios. Se usa la voluntad popular para montar organizaciones criminales que se apoderan de la salud, de la contratación pública, de las regalías y ahora de los impuestos. Se aprovecha la intención de realizar concesiones en el impulso a las obras de infraestructura para montar negocios leoninos y ante la mirada de los funcionarios, interventores y revisores encargados de proteger el interés general. Y las investigaciones llegan tan tarde como las sanciones a los ladrones, que después salen a disfrutar de sus patrimonios mal habidos. Es como si llegar a los cargos públicos significara la autorización para apropiarse de lo ajeno. O como si contratar con el Estado significara el pase para usufructuar los recursos oficiales. Una absoluta pérdida de valores éticos y morales, donde el servicio público se desvirtúa y los colombianos se convierten en víctimas de crímenes que deberían ser sancionados de manera ejemplar, pero terminan cubiertos por la impunidad. Lo ocurrido en la Dian supera la capacidad de asombro de cualquier sociedad. Infortunadamente, en nuestro país parece ser algo común. Algo que forma parte del paisaje, acostumbrados como estamos a ver el desfile de funcionarios sancionados haciendo piruetas para participar en las elecciones, de contratistas que financian campañas y de políticos que guardan la ética en su billetera. Contra eso, los estatutos de contratación o las cruzadas anticorrupción parecen ser inútiles. Tan grave panorama se debe a la pérdida de los valores éticos que ponen freno al latrocinio. Un vacío notorio en todos los estamentos públicos y privados que seguirá causando estragos mientras la sociedad no reaccione contra la corrupción.

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