El cambio se impone

El cambio se impone

Febrero 24, 2015 - 12:00 a.m. Por:
Elpais.com.co

"Con el recorte de seis billones de pesos al gasto presupuestado para el 2015, el Gobierno Nacional está enviando un mensaje claro sobre el compromiso de anticiparse a las consecuencias que tendrá el viraje en los precios del petróleo. El reto es ahora usar la política fiscal para impulsar la industria y la agricultura, para aprovechar las ventajas que ofrecen la devaluación y los tratados de libre comercio firmados en los últimos diez años".

Con el recorte de seis billones de pesos al gasto presupuestado para el 2015, el Gobierno Nacional está enviando un mensaje claro sobre el compromiso de anticiparse a las consecuencias que tendrá el viraje en los precios del petróleo. El reto es ahora usar la política fiscal para impulsar la industria y la agricultura, para aprovechar las ventajas que ofrecen la devaluación y los tratados de libre comercio firmados en los últimos diez años. A partir del último trimestre del 2014, Colombia y el mundo recibieron la notificación de que las realidades estaban cambiando, y que los países cuyos ingresos, en especial los del sector público, se derivaban del petróleo, estaban obligados a tomar medidas para enfrentar el peligro. En esas condiciones, el recorte era de esperar, aunque el efecto de la decisión se vería reflejado a partir del 2016, puesto que este año todavía se recaudarán las utilidades que recibió Ecopetrol durante el año anterior.Y si bien el 80% de ese recorte proviene de la inversión y sólo el 20% de gastos de funcionamiento, el mensaje es un alivio que aporta a la confianza en la economía y en la seriedad de su manejo. Más aún cuando ya se había aprobado una reforma tributaria de la cual se espera recaudar una suma cercana a los trece billones de pesos, que no parece ser suficiente para conjugar la caída en los ingresos del Estado, comprometido en un gasto de 124 billones de pesos para el 2015, según lo dice el Presupuesto Nacional.Hay un aspecto que debe llamar a la reflexión y es el referente a la caída de los ingresos en divisas extranjeras, otra de las consecuencias del bajón en el precio de los combustibles. Según cifras conocidas, al cierre del 2014, el país acumuló un déficit de US$6.293 millones, algo nunca visto en la historia nacional, ni siquiera en las peores recesiones. Y si bien allí ya se refleja el impacto producido por el descenso en los precios de los combustibles desde octubre, no es menos cierto que las importaciones tuvieron un incremento del 7,6%, en su gran parte dedicada a bienes de consumo. Por supuesto, esa tendencia ya no puede continuar sin que golpee la estabilidad de la economía y se produzca un efecto peligroso, incentivando la inflación. Es allí cuando la autoridad monetaria y el Gobierno a través de la política fiscal deben usar los recursos a su disposición para estimular la producción nacional que pueda atender la demanda de los colombianos. Y para impulsar las exportaciones, aprovechando la competitividad que en sus precios ofrece la devaluación, superior al 30% en los últimos cuatro meses. Para algo deben servir los discursos sobre convertir a Colombia en un país que mira hacia afuera en busca de oportunidades. Es claro que estamos frente a la posibilidad de dejar de ver los mercados internacionales como la oportunidad para comprar e importar, aprovechando los 16 Tratados de Libre Comercio firmados en los últimos años. Con ello se podrá generar el empleo que se pierde por la contracción a la industria petrolera. De paso, se pueden originar más impuestos, alejando la amenaza de aplicar otra reforma tributaria en corto plazo.

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