El cambio que se requiere

Julio 12, 2015 - 12:00 a.m. Por:
Elpais.com.co

"Lo que existe en la opinión pública es un desánimo al ver que su intención de diálogo y su voluntad de paz es respondida con terror y destrucción por un grupo armado que parece tomar el proceso como un diálogo entre pares, es decir, como si fuera entre dos Estados. Y como si no fuera una negociación para terminar con la violencia contra el pueblo colombiano, a cambio de la cual se harían excepciones que permitieran su reintegro a la sociedad".

La semana que culmina fue particularmente difícil para las negociaciones que se llevan a cabo en La Habana. Aunque las Farc anunciaron una nueva tregua por 30 días, el escepticismo originado en la falta de avances concretos en temas cruciales y el rechazo al terrorismo con el cual se ha pretendido presionar un cese bilateral de fuegos han puesto en la cuerda floja un esfuerzo de cuatro años.A partir de la entrevista que concedió el jefe de la delegación oficial el pasado domingo al periodista Juan Gossaín, el país se dio por notificado de las dificultades que se viven en la mesa de negociación. Que van desde la evidente falta de voluntad de las Farc para cerrar puntos como reconocer de manera clara la responsabilidad frente a las víctimas y la consecuente reparación efectiva, hasta aceptar que debe aplicarse justicia a los incontables hechos de violencia que ese grupo ilegal ha cometido contra miles de colombianos.Eso no es una exigencia caprichosa del Gobierno, sino la interpretación de lo que pide la Nación. A cambio de discutir lo que, junto con el fin del narcotráfico, constituye la esencia de la negociación, los negociadores de las Farc se empeñan en desviar la atención hacia el cese bilateral de hostilidades, como si no se hubiera pactado que fuera la consecuencia de un acuerdo final. Y persisten en el terrorismo que golpea a la población civil, destruye la confianza y arrincona al Gobierno porque lo obliga a responder por hechos que no se originan en él.Así las cosas, lo que existe en la opinión pública es un desánimo al ver que su intención de diálogo y su voluntad de paz es respondida con terror y destrucción por un grupo armado que parece tomar el proceso como un diálogo entre pares, es decir, como si fuera entre dos Estados. Y como si no fuera una negociación para terminar con la violencia contra el pueblo colombiano, a cambio de la cual se harían excepciones que permitieran su reintegro a la sociedad. Por eso se explica que el doctor Humberto de La Calle hubiera dicho que, ante el rechazo que están demostrando los colombianos por la actitud de las Farc, el proceso está llegando a su fin, “por bien o por mal”. Y que no les deber parecer extraño que un día no encuentren en la mesa a los negociadores del Gobierno. Lo que siguió fue un esfuerzo de los países acompañantes por rescatar la negociación, el cual culminó con la declaración de una tregua por 30 días que se iniciará el próximo 20 de julio. Por supuesto, eso no es suficiente. Lo que debe haber es un cambio en la actitud de la guerrilla. O, mejor expresado, un regreso a los puntos que dieron origen a la negociación en La Habana. Es decir, definir lo concerniente a la responsabilidad de las Farc con las víctimas y su reparación, así como determinar la justicia que deberá aplicarse para terminar el denominado Conflicto.Una vez se produzca ese cambio, que ojalá esté acompañado de un cese a la violencia inútil contra el país, se podrá modificar la actitud frente al proceso. Lo cual será necesario pues el compromiso que dio origen al diálogo incluye la refrendación del acuerdo por los colombianos.

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