El cambio en Filipinas

Mayo 16, 2016 - 12:00 a.m. Por:
Elpais.com.co

"Con las reservas que despiertan sus antecedentes, Duterte asumirá su período de seis años como presidente de Filipinas. Ya está con la lupa de la comunidad internacional puesta en su forma de gobernar".

En marzo de 1986, la historia de Filipinas cambió. Presionado por el Ejército y por Estados Unidos, Ferdinand Marcos salió al exilio con su esposa Imelda y sus hijos. Fracasaba así el fraude electoral que pretendía continuar sus 21 años de dictadura. Corazón Aquino, viuda de Benigno, periodista asesinado por el régimen, pasó a sustituir esa era de corrupción, violencia e impunidad. Treinta años después, ese país de 100 millones de habitantes y una de las claves en la geopolítica de la región, acaba de hacer otro giro, eligiendo a Rodrigo Duterte, mejor conocido como ‘Duterte el sucio’ o ‘Duterte el castigador’.El caso podría ser sólo pintoresco, pero tiene mucho más que eso. Duterte es una estrella popular hecha con mano dura. Su hoja de vida, escogida por los más de 14 millones que lo respaldaron, incluye 22 años como alcalde de Davao, la tercera ciudad del país, a la que transformó de capital del crimen en los 70 y 80 a la novena ciudad más segura del mundo.Y no de cualquier manera. Las ejecuciones extrajudiciales se hicieron comunes a manos de grupos paramilitares de los que Duterte ni siquiera se ha tomado el trabajo de desvirtuar las acusaciones que lo relacionan con ellos. Cálculos de organizaciones de derechos humanos cifran las víctimas en un millar.Durante la campaña presidencial que acaba de pasar, marcada por la violencia pues al menos 25 homicidios se registraron durante la misma, Duterte no bajó el tono con el que impresiona a seguidores y opositores. El “¡olvidad las leyes de derechos humanos!” se hizo consigna. Así como su promesa de, si es necesario, “ejecutaré 100 mil delincuentes” en seis meses. Sin duda, una amenaza ilegal pues la pena capital fue abolida allí en 2006. Pero no una traición a su discurso de llevarse por delante la Constitución, como ya advirtió, si el Congreso se pone en su camino.Llamado el ‘Trump filipino’ por su extrema locuacidad, no cabe duda que a la hora de soltar la lengua el millonario americano resulta ser un pálido orador al lado del dirigente asiático. En lo que sí hay gran similitud es en las cruzadas suprapartidistas emprendidas por ambos. Aunque más variopinta en el caso de Duterte, quien contó con apoyo de ciudadanos azotados por la inseguridad, sectas religiosas, guerrilleros musulmanes en trance de negociación, comunistas de antaño y la comunidad Lgtbi.Duterte es el populismo hecho hombre en un país que no puede quejarse de su crecimiento económico -6,3% en promedio en los últimos cinco años-. Y en una nación que es pieza definitiva en la disputa del Mar de la China Meridional, donde, con él en ejercicio del poder, Manila podría acercarse más a Beijing para trabajar conjuntamente en la explotación de esas aguas, a disgusto de Washington, el viejo aliado.Con las reservas que despiertan sus antecedentes, Duterte asumirá su período de seis años. Ya está con la lupa de la comunidad internacional puesta en su forma de gobernar. A cargo del polémico personaje estará Filipinas, ese gigante despierto que no puede pasar inadvertido para el mundo globalizado de hoy.

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