El balance ambiental

El balance ambiental

Diciembre 26, 2015 - 12:00 a.m. Por:
Elpais.com.co

Colombia es, según expertos, uno de los países más avanzados en materia de política y legislación ambiental. Su talón débil es que no todo lo que queda escrito se traduce en acciones reales y que estén en concordancia con lo dispuesto. Por ejemplo, la protección a las reservas naturales de la acción depredadora de la minería, queda en entredicho con decisiones como las de las licencias ‘exprés’, que reducen al mínimo los tiempos y condiciones para otorgar permisos de explotación minera o de hidrocarburos.

Colombia termina el 2015 con múltiples promesas para actuar en favor del medio ambiente y detener el deterioro al que han sido sometidos los recursos naturales del país. También hace el cierre con varios pendientes, que deben cumplirse si se quiere alcanzar las metas propuestas para los próximos años.El liderazgo asumido por Colombia sobre los asuntos ambientales en América Latina, se hizo evidente en la Cumbre del París, en la que se logró un acuerdo relativamente positivo para contrarrestar los efectos del cambio climático y su consecuente calentamiento global. El nuestro fue de los primeros países en comprometerse con una reducción de la emisión de gases de efecto invernadero, además de participar de manera activa durante todo el año en la redacción de los borradores del documento final. Para una nación con una de las mayores biodiversidades y riquezas naturales del Planeta, tener metas alcanzables en cuanto al medio ambiente, se convierte en un mandato inobjetable. De ahí la importancia de reducir en los próximos 15 años su emisión de dióxido de carbono y otros gases contaminantes en un 20%. Lograrlo requiere de políticas coherentes en las que, por ejemplo, se priorice la sustitución de energías generadas a partir de combustibles fósiles, como el petróleo y el carbón, por energías verdes o amigables con el entorno. Un camino que se prevé aún largo para el país, en el que es necesario desarrollar nuevas tecnologías y gestionar los recursos que requeriría tal cambio, que si no se hace, se quedará como un buen esfuerzo pero solo en lo escrito.Los pasos parecen más concretos en decisiones como la de disminuir a cero la deforestación de los bosques colombianos en un plazo de cinco años. La voluntad de proteger las zonas de reserva natural se hacen evidentes con disposiciones como la ampliación de la zona protegida del parque natural Chiribiquete o la unión de esfuerzos con Brasil y Perú para salvar de la depredación la cuenca amazónica. Esos y otros proyectos medioambientales serán posibles con el apoyo de las organizaciones internacionales y con el financiamiento de las naciones más desarrolladas, que son a la vez las que más contaminan el Planeta.Colombia es, según expertos, uno de los países más avanzados en materia de política y legislación ambiental. Su talón débil es que no todo lo que queda escrito se traduce en acciones reales y que estén en concordancia con lo dispuesto. Por ejemplo, la protección a las reservas naturales de la acción depredadora de la minería, queda en entredicho con decisiones como las de las licencias ‘exprés’, que reducen al mínimo los tiempos y condiciones para otorgar permisos de explotación minera o de hidrocarburos. O cuando aún quedan 21 páramos a los que no se les ha delimitado la zona de protección y reserva.En tiempos en que se habla de postconflicto y del medio ambiente como asunto prioritario una vez se llegue a un acuerdo a paz en La Habana, se necesita más que obtener recursos o crear fondos para ayudar en ese propósito. Si no se tienen unas políticas aplicables y verificables, todos los compromisos para salvaguardar los recursos naturales colombianos serán meras ilusiones.

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