El árbol de Navidad

El árbol de Navidad

Junio 12, 2013 - 12:00 a.m. Por:
Elpais.com.co

"Desde el aplazamiento de las elecciones que tendrán lugar el próximo año y la prohibición de reelegir al Presidente de la República, hasta la creación de una segunda instancia para los congresistas acusados de delitos, las propuestas de las Farc parecen un árbol de Navidad bajo el cual se ponen regalos para todo el mundo".

Se inició la décima ronda de conversaciones en La Habana, y con ella reaparecieron los pedidos que hacen dudar sobre las intenciones de las Farc en los diálogos. De nuevo, el reclamo arrogante de asuntos no incluidos en el temario y la exigencia de que sean considerados por encima de la Constitución y la voluntad de la casi totalidad de los colombianos, se convierten en motivo para no creer en su seriedad en el proceso donde el Gobierno hace empeños notorios por alcanzar un acuerdo rápido y fecundo. No bien había puesto en duda la continuidad del proceso para expresar su fidelidad al régimen de Nicolás Maduro en Venezuela, la guerrilla cambió el discurso. Esta vez, su vocero máximo sacó a relucir la lista de exigencias de siempre: al llamado a una asamblea constituyente que ya ha sido rechazado por el Gobierno y la opinión pública, le sumó una larga enumeración de peticiones en las cuales hay para todos los gustos. Desde el aplazamiento de las elecciones que tendrán lugar el próximo año y la prohibición de reelegir al Presidente de la República, hasta la creación de una segunda instancia para los congresistas acusados de delitos, las propuestas de las Farc parecen un árbol de Navidad bajo el cual se ponen regalos para todo el mundo. En la lista de obsequios están también la reforma a la justicia y la exclusión de la Procuraduría en los procesos penales, algo ya propuesto por el Fiscal General de la Nación. Y no falta el reordenamiento territorial de la Nación, tanto como la insistencia en crear sus anhelados territorios de paz con autonomía total. A su lado están también la creación de un estatuto de oposición adecuado a sus propósitos, acompañado claro está de una comisión de la verdad. Tampoco faltó su exigencia de considerar a sus integrantes como víctimas del Estado, lo que contrasta con su silencio total sobre las miles de víctimas que han dejado a lo largo de su tenebrosa historia de violencia y destrucción. Tal actitud no es seria. Cuando la Nación busca fórmulas que concilien el respeto al ordenamiento jurídico con la necesidad de hacer concesiones para lograr un acuerdo, y discute qué tanto de justicia debe sacrificar en aras de la paz, no se le puede contestar como lo ha hecho la guerrilla, mostrándose por encima de las instituciones y exigiendo claudicaciones que rayan en lo absurdo y desconocen la voluntad nacional. Como no parece ser un diálogo político el que uno de los fundadores del Movimiento Marcha Patriótica, con afinidades inocultables con las Farc, hable de unas “elecciones ensangrentadas” si no se accede a su aplazamiento.Por eso es oportuno que el doctor Humberto de La Calle haya recordado que nada de lo propuesto por el jefe de la delegación guerrillera es objeto de negociación. Más allá de los plazos y las urgencias que ha mostrado el Gobierno Nacional por lograr un acuerdo, los colombianos están mirando con expectativa el esfuerzo de buscar la paz negociada. Pero sin duda se desencantan cuando ven que las Farc desconocen los acuerdos que dieron origen a los diálogos de La Habana e insisten en exigencias que nada aportan a la búsqueda de la paz.

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