El agua es el futuro

editorial: El agua es el futuro

Con el decreto del Ministerio se abre la posibilidad, si se aplica bien y se ejerce la vigilancia para garantizar su cumplimiento, a que el Estado en verdad destine los recursos para recuperar las reservas hidrográficas que están en peligro y para adelantar las políticas municipales y regionales que se necesitan para su conservación.

El agua es el futuro

Junio 29, 2013 - 12:00 a.m. Por:
Elpais.com.co

Con el decreto del Ministerio se abre la posibilidad, si se aplica bien y se ejerce la vigilancia para garantizar su cumplimiento, a que el Estado en verdad destine los recursos para recuperar las reservas hidrográficas que están en peligro y para adelantar las políticas municipales y regionales que se necesitan para su conservación.

Garantizar la conservación de las cuencas hidrográficas en Colombia es una obligación conjunta de gobiernos, entidades ambientales y ciudadanía en general. En la disposición de hacerlo está el futuro del suministro de agua potable a poblaciones que crecen sin freno y demandan cada vez una mayor cantidad del líquido vital.Con el decreto 0953 de 2013 expedido por el Ministerio del Medio Ambiente, se ordena a los municipios y departamentos invertir los recursos necesarios para cumplir con ese propósito y reconocer los aportes hechos por los dueños de predios en esa tarea de conservación. Se define como una obligación que los gobiernos destinen el 1% de sus ingresos corrientes al cuidado y recuperación de las zonas estratégicas de protección, lo que incluye la compra de terrenos y el pago del equivalente al costo de oportunidad a los propietarios que decidan no usar sus tierras en actividades productivas sino dejarlas para preservación de las fuentes de agua.Si hay un municipio que deba reconocer la importancia y la urgencia de cuidar sus recursos hídricos es Cali. Aunque cuenta con siete ríos que nacen o pasan por la ciudad, se presentan dificultades para garantizar el suministro de agua en forma permanente; los causes acusan deterioro y disminución en su caudal, y la contaminación dificulta las labores de potabilización obligando a parar, cada vez con más frecuencia, las plantas de tratamiento del acueducto.A los Farallones, donde brotan la mayoría de estos ríos, no se les ha puesto la atención debida ni se han intervenido como se esperaría en la reserva natural más importante de la zona. No se explica de otra manera la venta u ocupación ilegal de terrenos que suman 5.700 hectáreas de las 206.770 que conforman el Parque Nacional, ni cómo se permitió que 30.764 particulares invadieran estas tierras y otras zonas de las laderas de Cali que son vitales para la protección de las cuencas hidrográficas.En el resto del Valle del Cauca la situación no es diferente. A la deforestación se suma el uso para labores agropecuarias sin los controles necesarios, un déficit de 450.000 hectáreas de bosques y los daños que ocasiona el cambio climático. Cada vez son más frecuentes los deslizamientos, las inundaciones, las avalanchas, así como la escasez de agua para la población por el daño en las cuencas de los ríos. Si no se cuida, una región rica en recursos hídricos terminará siendo un desierto.Con el decreto del Ministerio se abre la posibilidad, si se aplica bien y se ejerce la vigilancia para garantizar su cumplimiento, a que el Estado en verdad destine los recursos para recuperar las reservas hidrográficas que están en peligro y para adelantar las políticas municipales y regionales que se necesitan para su conservación. A eso deben dedicar las administraciones municipales y departamentales ese 1% de sus ingresos, con el apoyo decidido de las Corporaciones Autónomas Regionales como la CVC y entidades ambientales locales como el Dagma.Todo lejos de la politiquería, la corrupción y los intereses ajenos, que desvían o malgastan los recursos que se necesitan con urgencia para los proyectos medioambientales que protejan los ríos y, sobre todo, garanticen el suministro de agua para las futuras generaciones.

VER COMENTARIOS
Columnistas