El abandono del Pacífico

El abandono del Pacífico

Octubre 27, 2013 - 12:00 a.m. Por:
Elpais.com.co

"Más de 1.200 kilómetros de costa sobre el mar del Pacífico y una inagotable fuente de riqueza natural, contrastan de siempre con las abismales condiciones de miseria e indefensión de sus habitantes".

Con todo y la tragedia que le ocasiona el asedio del terror dirigido por las Farc, la crisis que vive Tumaco no se debe sólo a los intentos de los criminales por imponer su ley. Es ante todo el producto del abandono del Estado que deja a meced de la ilegalidad extensas porciones de la geografía colombiana. Es la historia de todo el Litoral Pacífico de nuestro país. Más de 1.200 kilómetros de costa sobre el mar del Pacífico y una inagotable fuente de riqueza natural, contrastan de siempre con las abismales condiciones de miseria e indefensión de sus habitantes. Y en tanto el centralismo recibe enormes sumas de impuestos generados por Buenaventura, el retorno que ha recibido la región desde tiempos remotos es apenas lamentable. Pero los promotores de toda clase de negocios ilícitos aprovechan esas oportunidades, destruyendo el ecosistema, amenazando la cultura de los pueblos asentados en esa zona y convirtiéndolos en rehenes que obligan a desplegar la Fuerza Pública para tratar de combatir la delincuencia que brota en todas partes. Pero la iniciativa privada que trata de establecer empresas lícitas padece el acoso del crimen y los riesgos de la desprotección. Esa es la razón por la cual la industria pesquera es casi inexistente y los intentos por establecer cultivos de palma y de cualquier otro producto pesquero o agrícola fracasan con frecuencia porque carecen del respaldo estatal y sufren la extorsión de la guerrilla, del narcotráfico y de las bandas criminales de todo género que sí son conscientes del valor estratégico del Litoral Pacífico. Mientras tanto, la minería ilegal se convierte en el gran depredador de una región llamada a ser uno de los pulmones del mundo.A cambio, las posibilidades de ofrecer una educación que ofrezca oportunidades a la gente y le permita beneficiarse de la riqueza que la circunda, son casi inexistentes. Y qué decir de los servicios de salud, de la protección del medio ambiente, de satisfacer las necesidades de transporte y de la obligación de fortalecer la presencia de las instituciones distintas a la Policía, el Ejército o la Armada Nacional. O de la oferta de incentivos que atraigan la inversión que brinde desarrollo, empleo y estabilidad, prácticamente inexistentes a través de los tiempos. Es una historia que se repite una y otra vez, mientras las comunidades del Pacífico pierden la esperanza y sus habitantes se convierten en desplazados que engrosan los cinturones de miseria de las grandes ciudades colombianas. Hoy, Tumaco es víctima de la furia arrasadora de las Farc que trata de defender sus corredores para mover las drogas ilícitas, de mantener su negocio de extorsión a todos los niveles, además de dar demostraciones de poder mediante el terrorismo indiscriminado que deja sin energía a cientos de miles de colombianos y obliga a buscar soluciones basadas en la fuerza. Pero la respuesta del centralismo sigue siendo la misma, mientras el atraso continúa destruyendo la posibilidad de construir comunidades prósperas con capacidad de decidir su propio futuro.

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