La teoría y la práctica

La teoría y la práctica

Febrero 24, 2017 - 01:00 a.m. Por: Editorial .

Carreteras para los municipios o ciencia; obras públicas o investigación científica. En ese dilema están los 1,5 billones de pesos de las regalías que dejó el boom pretrolero, destinados a la investigación y el desarrollo intelectual, que quedaron sin uso y aún esperan su destino.

¿Por qué no se usaron? Por varias razones. La ley de regalías, que el entonces ministro de Hacienda calificó como el instrumento para repartir la mermelada por todo el pan que representa la geografía nacional, consagró el 1% de sus recursos al fomento de la actividad descrita en todos los departamentos de Colombia. Y en un arrebato poco frecuente de descentralización, estableció que cada ente territorial está autorizado para presentar sus propios proyectos a ser financiados con la entonces atractiva renta. Esa era la idea.

Lo que ocurrió en la práctica no coincidió con el motivo original. La mayoría de los proyectos desembolsados fueron de poco impacto, mal administrados y no fueron útiles para promover la ciencia, la tecnología y la investigación. En ellos se presentaron intentos lejanos al interés por cumplir el objetivo y no fueron útiles como instrumentos para superar el atraso, crear desarrollo y formar capital social. Los demás fueron mal presentados además de verdaderos monumentos al despilfarro, por lo cual no fueron autorizados.

La consecuencia fue que el Gobierno Central decidiera establecer requisitos y procedimientos que limitaran lo que estaba siendo mal aprovechado, frustrando con ello la intención de descentralizar el manejo de recursos nacionales. Quedó entonces un remanente, los 1,5 billones de los cuales hoy se habla, y que el Presidente de la República propone trasladar a la construcción de carreteras terciarias, manteniendo la posibilidad de que los Departamentos fijen su destinación.

Lo que contiene la propuesta del presidente Juan Manuel Santos, además del compromiso de respetar que se haga en las regiones, es la posibilidad de usar esos recursos para aumentar la inversión en infraestructura y así ayudar a combatir la desaceleración de la economía. Para ello se están dando los pasos necesarios que lleven a definir y sacar adelante el Acto Legislativo que permita disponer de los dineros en mención.

La pregunta es si tal giro, que desconoce la idea que dio origen a esa destinación, debe darse ahora, advirtiendo que lo que falló fue la manera en que se atomizó esa partida para repartirla, abriendo la puerta para que se colara el clientelismo. Allí está la razón más importante por la cual el Gobierno Nacional cerró la llave y ahora no se tenga claridad sobre su próximo destino.

Pero existe una alternativa: que se aproveche la oportunidad abierta por la propuesta presidencial, para permitir que se invierta en la investigación científica que desarrollan las universidades nacionales y regionales calificadas, y que se relacionen con el progreso de la región colombiana. Con ello se conjura la posibilidad de un nuevo e inaceptable ejercicio de centralismo, a la vez que se cumple el propósito que originó la ley de regalías.

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