Dictadura sin límite

Agosto 16, 2016 - 12:00 a.m. Por:
Elpais.com.co

Todo indica entonces que los esfuerzos del chavismo por quedarse en el poder no tienen límite por ahora. Y que las Fuerzas Armadas son el soporte del régimen antes que la garantía de la imparcialidad que impida más abusos. No en vano, las acusaciones de corrupción y narcotráfico contra muchos de sus comandantes son confirmadas a diario.

Si algo caracteriza a la dictadura que impera en Venezuela, es su capacidad de asfixiar a su país para mantener el poder. Los hechos de los últimos días reafirman que el régimen encabezado por Nicolás Maduro no tiene límites en su atropello a la oposición y a la posibilidad de ser expulsado de la presidencia por el referendo revocatorio.Para hacerlo, un burdo maquillaje de presunta legalidad rodea cada una de sus arbitrarias acciones. Y para ello, nada mejor que el uso de los instrumentos de bolsillo en que Maduro y la cúpula del movimiento bolivariano han convertido al Tribunal Superior de Justicia y el Consejo Nacional Electoral.En la última semana decidieron que, si acaso, el revocatorio sólo se producirá en el 2017. Antes, fallarán las más de 8.000 demandas contra la Mesa de Unidad, lo que les quitaría su personería y anularían de hecho la consulta popular, con lo cual cumplirán su propósito de conjurar la posibilidad de ser expulsados por el pueblo que ya no soporta el desastre. De la misma manera decidieron en contra de la apelación que presentó el líder Leopoldo López contra su injusta condena. Sin importarles el rechazo universal, los jueces manejados por la dictadura ratificaron su sentencia a quien cometió el delito de encabezar la protesta contra Maduro y sus secuaces. Otra prueba más de la arbitrariedad vestida de legalidad que además tiene en su mano el aparato paramilitar para reprimir la protesta. Y para completar, volvieron a excluir a los tres diputados elegidos por el Amazonas. Es la más reciente de las 40 sentencias que anulan lo actuado por la Asamblea Nacional que los venezolanos eligieron el pasado 6 de diciembre para tratar de ponerle fin a 17 años de errores, donde se perdió la más grande bonanza petrolera de toda su historia. Más no la última, porque la consigna es desconocer la voluntad popular que pide a gritos cesar el abuso que acaba con su país.Todos los días hay más medidas contra la democracia, mientras las estadísticas de muertes violentas superan cualquier cálculo pesimista. Tan grave es el intento absolutista, que se tomaron a la brava la presidencia de Mercosur, el acuerdo económico que lo recibió con los brazos abiertos y hoy no sabe qué hacer con sus incumplimientos y actitudes contra sus socios. Por supuesto, su situación en Mercosur también es producto del fracaso del populismo en Argentina y en Brasil. Todo indica entonces que los esfuerzos del chavismo por quedarse en el poder no tienen límite por ahora. Y que las Fuerzas Armadas son el soporte del régimen antes que la garantía de la imparcialidad que impida más abusos. No en vano, las acusaciones de corrupción y narcotráfico contra muchos de sus comandantes son confirmadas a diario.El panorama de Venezuela no puede ser más desesperado. Con una quiebra económica imparable, su moneda envilecida, la escasez de drogas y alimentos golpeando las familias y la violencia azotando a toda la sociedad, con millones de venezolanos escapando de su patria, el país de Simón Bolívar se encamina a un desenlace que, ojalá, no culmine en tragedia sangrienta.

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