Detrás de los fusiles

Septiembre 16, 2010 - 12:00 a.m. Por:
Elpais.com.co

Las características de la población hacen posible camuflar la acción criminal.

En menos de un año, la Policía Metropolitana ha incautado 710 fusiles en Cali, armas de gran poder de destrucción que cuando no se van a aumentar el poder bélico de las organizaciones de narcotraficantes parecen ser parte del trueque entre estos y los grupos guerrilleros por los alijos de drogas ilícitas que se producen y se transportan entre las cordilleras y la región pacífica. La noticia de la incautación de 74 fusiles realizada hace dos días podría ser una más dentro de aquellos hechos que a diario se producen en la región, relacionadas con el orden público. Pero tiene unas connotaciones particulares que deben llamar la atención de la comunidad. Semejante poder de fuego que representan esas armas es otra muestra, clara y contundente, sobre la decisión de los delincuentes de mantener su poder de intimidación frente a las comunidades campesinas que padecen su presencia. Y su insistencia en desafiar a las autoridades, así reciban frecuentes golpes y sin importar si el Estado aumenta su persecución contra ellos.El otro aspecto estremecedor, es la persistencia en usar a Cali como epicentro de sus maniobras y sus negocios criminales. Por eso se explica que haya sido volada la sede de la Policía Metropolitana o el Palacio de Justicia, y que se presenten frecuentes asedios contra la autoridad. Es que la acción del Estado está tocando territorios que, como el norte del Cauca o el litoral, son cruciales para sus negocios, de los cuales se nutren tanto las asociaciones de narcotraficantes comunes como las Farc y el ELN. Y en esa estrategia de los delincuentes, Cali puede considerarse la capital del suroccidente colombiano. Aquí pueden acceder a muchos servicios, y las características de la población hacen posible camuflar la acción criminal. Tampoco puede ignorarse que es una especie de cruce de caminos obligado entre los centros de producción y los puntos de envío sobre el océano Pacífico. Y que el mundo de la marginalidad que se incuba en muchos de los barrios y comunas de la capital vallecaucana son proveedores de mano de obra barata.Frente a tales hechos, el Gobierno Nacional y la Fuerza Pública han venido incrementando su capacidad para afrontar tan grande desafío. Prueba de ello es la recuperación de la tranquilidad en Buenaventura, la creación del Comando Conjunto del Pacífico o la tarea emprendida en las montañas del Cauca por el Ejército Nacional. Un gran esfuerzo que rinde frutos como la destrucción de cultivos ilícitos y la captura de grandes cargamentos en el mar, así como la detención de delincuentes comprometidos en esas acciones.Pero el hallazgo frecuente de esos grandes cargamentos de armas indica el gran poder que aún tienen los criminales, aliados desde hace un tiempo con el narcotráfico internacional. Lo que reafirma la necesidad de redoblar los esfuerzos para proteger a Cali de la amenaza que la ronda. El que la ciudad no reaccione cuando se encuentran decenas de fusiles en la calle, no puede significar que los caleños nos acostumbramos y peor aún, nos resignamos a convivir con la delincuencia.

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