Después de la Cumbre

Octubre 02, 2015 - 12:00 a.m. Por:
Elpais.com.co

"Una semana después de la reunión de los presidentes de Colombia y Venezuela, nada permite pensar que se ha logrado algún progreso en las relaciones. Y sobre todo, nada lleva a concluir que ha cesado la persecución a los colombianos en el vecino país".

Una semana después de la reunión de los presidentes de Colombia y Venezuela, nada permite pensar que se ha logrado algún progreso en las relaciones. Y sobre todo, nada lleva a concluir que ha cesado la persecución a los colombianos en el vecino país.Según el comunicado dado a conocer en Quito, la solución al diferendo estaba en camino, y se iniciaba con el regreso de los embajadores a Caracas y Bogotá. De otra parte, reuniones entre algunos ministros se han producido. Sin embargo, la más importante, la de los encargados de la Defensa ha sido pospuesta en varias oportunidades, con argumentos protocolarios. Si bien ese encuentro deberá producirse hoy en Santa Marta, no parecería existir un ambiente que estimule el optimismo sobre sus resultados.Y menos aún, cuando ya se anunció la restricción al acuerdo humanitario que permitía la circulación de menores que estudian en Colombia o de adultos que trabajan a ambos lados de la frontera. Peor es la declaración del presidente Maduro, ratificando su orden de mantener la frontera “como está”. Es decir, cerrada y con la animosidad contra todo lo que tenga que ver con nuestros connacionales. Lo que esa actitud da a entender es que el encuentro propiciado por los Presidentes de Ecuador y Uruguay no pasa de ser hasta ahora un acto diplomático. Y que los habitantes de la región fronteriza siguen experimentando las acciones de control de la Fuerza Pública venezolana, nada distinto a mirar a los colombianos como ciudadanos de segunda, utilizados para despertar adhesiones electorales mediante el recurso del nacionalismo. Ese parece ser el verdadero sentido de las actuaciones inexplicables de Maduro y su gobierno, empeñados también en aumentar la tensión con Guyana, su vecino del otro lado. A la vez, informa de operativos militares en defensa del territorio o la economía de su país, anuncia la compra de aviones y armamentos, al tiempo que sigue usando el recurso de inventar grupos paramilitares o atentados fantasmas.Mientras eso ocurre, crece el número de venezolanos que rechazan el tratamiento contra los colombianos. De igual forma, la inflación es ya imposible de calcular, la escasez sigue haciendo su agosto y se acercan las elecciones que deberían definir la composición del poder en Venezuela, de no ser por el esfuerzo del régimen por evitar lo que parece ser una catástrofe anunciada. Y la crisis no rebaja de tono, así el gobierno de Venezuela afirme que ha aceptado recomendaciones del Secretario General de Unasur. Por todo ello, y a pesar de la buena intención de los gobiernos que facilitaron la reunión en Quito, lo que fue anunciado como un acuerdo para solucionar la crisis parece no serlo. Las tensiones son las mismas, los incumplimientos siguen su cauce y los colombianos continúan siendo objeto de malos tratos por el régimen que representa Maduro. Es una situación que reclama la presencia de la comunidad internacional en defensa de personas inermes cuyo pecado es seguir creyendo en la fraternidad que permite el convivir durante siglos en un territorio común, la frontera entre Colombia y Venezuela.

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