Después de Correa

Febrero 23, 2017 - 01:00 a.m. Por: Editorial .


Luego de una tensa espera durante los últimos tres días, tanto el Consejo Nacional Electoral como el presidente Rafael Correa reconocieron que habrá una segunda vuelta para elegir el nuevo presidente del Ecuador. Será la oportunidad para saber si en el país vecino sigue gobernando la izquierda o se da un cambio, como ha ocurrido en otras naciones que durante tres lustros han experimentado el socialismo siglo XXI.

Escrutado el 99%, los resultados parecen apretados, no tanto por la diferencia de un millón de votos a favor del candidato oficialista Lenín Moreno como por la falta de medio punto para completar el 40% y la diferencia del 10% sobre el segundo que exige la ley electoral de ese país para declarar un ganador en la primera ronda. Así, se abre la posibilidad para que la oposición se convierta en la alternativa al mandatario que ha ganado todas las elecciones en las que ha participado.

Correa lleva 10 años en el poder. Su gobierno ha estado marcado por una mezcla de populismo de izquierda, de autoritarismo que controla la actividad política y limita el ejercicio del periodismo libre, y de medidas prácticas en el ejercicio de la autoridad. Eso le ganó un respaldo importante en su país y le ha permitido realizar todas las reformas legales que ha requerido para sacar adelante su proyecto político, a pesar de sus actitudes demagógicas y de sus desafíos arrogantes contra cualquiera que no esté de acuerdo con él.

Esa mezcla llevó a que Ecuador tuviera una de las épocas más estables en su historia institucional. Pero también, a que crecieran las divisiones entre sus partidarios y aquellos que lo rechazan. A ello contribuyó sin duda la bonanza petrolera que durante siete años experimentó Ecuador, entregándole al Gobierno importantes recursos que permitieron rebajar los índices de pobreza al 25%.

Sin embargo, el balance debe incluir el desgaste producido por el ejercicio totalitario del poder que significó el que Alianza País, el partido oficialista, se apoderara del control del Legislativo y de la Justicia. Ahora, además de la recesión que trajo la destorcida en el negocio petrolero, la dolarización de su economía y la imposibilidad de devaluar para defender algo de su competitividad, apareció el fantasma de la corrupción encabezada por la multinacional Odebrecht.

De ahí que el candidato oficialista no pudiera llegar al triunfo que esperaban Correa y sus seguidores. Además, el tono de una campaña poco atractiva donde no participa el caudillo y jefe del Estado, contribuyó a lo que algunos sectores consideran como un triunfo de la oposición al presidente y al oficialismo, así ese partido haya ratificado su mayoría absoluta en el Congreso.

Liberado Ecuador de la tensión que significó la demora en los resultados, ahora empieza una nueva campaña, en la cual se realinderarán las fuerzas que acompañan a Lenín Moreno y aquellas que se congreguen alrededor de Guillermo Lasso. A no dudarlo, será una campaña apretada y su resultado puede significar el final de uno de los regímenes más importantes dentro del Alba, la Alianza promovida por Hugo Chávez para imponer el socialismo en América.

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