Desconfianza mutua

Desconfianza mutua

Octubre 28, 2013 - 12:00 a.m. Por:
Elpais.com.co

"Hace bastante que el espionaje no es tan sólo un asunto de guerras y enfrentamientos militares, sino que abarca diferentes áreas de la vida económica y social. El mundo es internacional, y sin información sobre lo que sucede más allá de las fronteras parece imposible tener un buen desempeño en múltiples campos de la actividad humana".

De acuerdo con la revista alemana Der Spiegel, los Estados Unidos habían intervenido el celular personal de la canciller Angela Merkel, desde el año 2002 hasta el 2013. Más sorprendente aún: el Presidente de los Estados Unidos no estaba informado del hecho.Ambas noticias causan perplejidad. ¿Hay un límite al espionaje? ¿Hasta dónde es lícito hacerlo? Y, ¿no se requiere de una orden presidencial para espiar al mandatario de otra nación, sobre todo si es aliada cercana? Pues una cosa es intervenir las comunicaciones del déspota Al Assad de Siria, que está masacrando a su pueblo, y otra distinta hacerlo con la Canciller de Alemania, el país más poderoso de Europa y una nación amiga de la potencia norteamericana.Para desenredar la madeja debe aceptarse que el espionaje tiene una larga y bien documentada historia. Hay episodios de espionaje en la Ilíada, que narra sucesos de hace 3 mil años, y Harry Truman contó que, luego de contarle a Stalin que poseía la bomba atómica, en Yalta, el mandatario soviético lo felicitó y daba la impresión que ya conocía la noticia. De hecho, la conocía, por sus propias fuentes de inteligencia en Estados Unidos.Pareciera que el espionaje es connatural a la convivencia de los Estados, sobre todo en las sociedades modernas. Dado que la realidad económica se funda en la competencia por el acceso favorable a los mercados, todos parecen necesitar saber qué está haciendo el otro, su competidor. Hace bastante que el espionaje no es tan sólo un asunto de guerras y enfrentamientos militares, sino que abarca diferentes áreas de la vida económica y social. El mundo es internacional, y sin información sobre lo que sucede más allá de las fronteras parece imposible tener un buen desempeño en múltiples campos de la actividad humana.Así, espiar, con el objetivo de recabar información de primera mano, es un oficio que resulta útil y las organizaciones encargadas de esta labor, mal vista pero necesaria, se han multiplicado en todas partes del mundo. Aceptemos que vivimos en un mundo donde todos se espían entre sí. La diferencia está en la escala y ella deriva del acceso a la mejor tecnología. Las potencias más desarrolladas pueden espiar a todo el mundo, no solo a mandatarios, sino también al ciudadano común. Todo aquel que utilice el internet, o cualquier red social, debe ser consciente de que no tiene privacidad.¿Qué hacemos entonces con los derechos a la intimidad y la privacidad, derechos que deben ser respetados? El tema está en debate y hay una serie de propuestas surgidas de organizaciones civiles de distintas partes del mundo. Se basan en principios como la legalidad, la legitimidad, la necesidad, la proporcionalidad y el debido proceso. A estos se les añaden otros principios menos comunes pero igualmente importantes y amparados por la legislación sobre derechos humanos, como la transparencia y el control público.Pero aún así, con diversas mediaciones, el espionaje será una realidad. Lo importante es que no se convierta en un ente autónomo, que nadie controla y por el que nadie responde.

VER COMENTARIOS
Columnistas