De la protesta al abuso

Febrero 18, 2011 - 12:00 a.m. Por:
Elpais.com.co

"...que tan perjudicial para la competitividad de Colombia es mantener una tabla artificial de fletes con la cual los productores y los consumidores subsidian a los transportadores, como que el Estado insista en gravar los combustibles para generarse mayores ingresos tributarios..."

Como en el 2008, el país se encuentra a merced de un paro de camioneros que pretende mantener las prebendas de un gremio, importante sin duda, por encima del interés nacional. Un movimiento de protesta que con los bloqueos en las principales ciudades y en algunas de las carreteras más importantes del país ya desbordó los límites de la legitimidad, transformándose en un abuso que amenaza a la inmensa mayoría del pueblo colombiano.Mil veces se ha dicho que el sector transportador demanda una revisión a fondo. Y que tan perjudicial para la competitividad de Colombia es mantener una tabla artificial de fletes con la cual los productores y los consumidores subsidian a los transportadores, como que el Estado insista en gravar los combustibles para generarse mayores ingresos tributarios o fijar las tarifas más altas de toda América en los peajes de las carreteras colombianas. También se ha planteado la urgencia de desarrollar medios alternativos de transporte que, como el ferrocarril, abaraten los costos, mejoren las condiciones y eviten la posición dominante de un gremio que puede paralizar la economía en caso de que no sean atendidas sus demandas. Eso es lo que le ha pasado a Colombia en los últimos años, obligando a sucesivos gobiernos a transigir con las vías de hecho para impedir daños mayores o para evitar el uso de la Fuerza Pública contra una protesta.Todos esos asuntos, que deberían ser objeto de un debate profundo, caen en el vacío ante la actitud agresiva y desafiante de un sector de los transportadores, a los cuales no parece interesarles el daño que causan a los habitantes del sur de Bogotá o a los trabajadores de la zona industrial de Yumbo. Ni parece preocuparles la escasez de alimentos que empieza a registrarse en las centrales de abasto, el desespero de los sectores de menores recursos que deben armarse de paciencia para aguantar por horas los bloqueos en los barrios o los incrementos en el precio de los alimentos.Por supuesto, a la inquietud y la inconformidad crecientes entre la ciudadanía que mira impotente cómo se le convierte en rehén de una disputa que se puede solucionar a través de la negociación, se agrega la confusión que crece ayudada por la contradicción constante entre miembros del Estado. Nada puede justificar que mientras el Alcalde de Bogotá trate de eludir su responsabilidad afirmando que el problema es del Gobierno Nacional, se produzcan mensajes distintos y contradictorios del Vicepresidente de la República y el Ministro de Transportes.Ayer, el Presidente de la República dio la orden terminante de despejar, al iniciar el día de hoy, las calles y carreteras de cualquier bloqueo. Con el posible acuerdo que se negociaba anoche, la cordura parece retornar a los dirigentes del movimiento, indispensable para reiniciar un debate democrático que, como el del transporte, es de la mayor urgencia para Colombia. Queda pendiente la decisión de acabar con el chantaje para presionar el otorgamiento de ventajas a un sector, sin duda importante, mientras el resto del país debe pagar los perjuicios que causan las vías de hecho. Los colombianos debemos aceptar que el derecho a la protesta no autoriza a causarle daños a la Nación.

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