Cortina de humo

Noviembre 15, 2010 - 12:00 a.m. Por:
Elpais.com.co

Tal atropello no cayó bien en la ciudadanía, que se ha movilizado para impedir que Ortega se convierta en una reedición de Anastasio Somoza, el tristemente célebre dictador nicaragüense.

En la historia política de la humanidad ha resultado frecuente que las dictaduras, para perpetuarse en el poder, creen incidentes internacionales con el fin de despertar los sentimientos nacionalistas del pueblo al que tienen sometido, tratando de recibir un apoyo a su gestión cuando sienten que está próximo el final de su gobierno.Es lo que acaba de suceder en Nicaragua, cuando el ejército de ese país, pretextando labores de dragado en el río San Juan, fronterizo con Costa Rica, instaló un campamento en Isla Calero, ubicada en el delta del río y territorio en disputa entre las dos naciones centroamericanas desde hace más de un siglo.¿Por qué ahora, cuando el gobierno de Daniel Ortega se acerca a su fin? Porque el Presidente de la pequeña nación centroamericana se ha empeñado en prolongar su mandato más allá de lo permitido por la Constitución, y las encuestas muestran una mayoría de población desfavorable a sus propósitos. Es una maniobra distractora para despertar el nacionalismo y lograr su perpetuación en el poder.Pues las maniobras jurídicas no han bastado. Lo cierto es que la aprobación de su reelección se hizo pisoteando la composición de la Corte Suprema de Justicia, con el nombramiento de conjueces sandinistas que le garanticen las mayorías. Tal atropello no cayó bien en la ciudadanía, que se ha movilizado para impedir que Ortega se convierta en una reedición de Anastasio Somoza, el tristemente célebre dictador nicaragüense.El pretexto creado con la ocupación de Isla Calero, azuzando un viejo litigio fronterizo, es un ejemplo típico de las maniobras distractoras a las que acuden los dictadores cuando enfrentan la oposición de su pueblo. Así lo hicieron los generales argentinos con el conflicto de Las Malvinas y así lo hizo Herr Hitler cuando ocupó los Sudetes checoslovacos en 1938. Lo que busca Daniel Ortega es cambiar el sentimiento desfavorable de la ciudadanía nicaragüense con respecto a su reelección. No hay reivindicaciones populares, lucha contra injusticias o propósitos libertarios, como los que caracterizaron a los sandinistas en su oposición a la dictadura de Somoza. Aquí lo único que se manifiesta es un crudo y claro propósito de permanencia en el poder, así sea violentando la Constitución o las fronteras de una nación hermana.El hecho de que la Organización de Estados Americanos se haya pronunciado instando a las dos partes a retirar sus tropas de la región fronteriza y solicitando a los dos gobiernos resolver el diferendo por vías pacíficas, ha molestado a Daniel Ortega y alegrado a Costa Rica. Que ello sea así ratifica lo arbitrario de la actuación de este mandatario para mantener el ánimo azuzado, mientras los costarricenses prefieren el diálogo. Desde luego, es un duro revés para Ortega que la resolución de la OEA se haya dado con 22 votos a favor y sólo 2, Nicaragua y Venezuela, en contra. Y es una estridencia propagandística que el ex guerrillero con ínfulas de dictador involucre a Colombia en sus diatribas, amenazando también con retirar a Nicaragua de la Organización Panamericana. Hay que estar alerta. Los pichones de tirano suelen provocar guerras sin otra razón que su ansia de poder.

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