Contra los Farallones

Contra los Farallones

Abril 07, 2017 - 11:55 p.m. Por: Editorial .

Las heridas que la minería ilegal le propina a los Farallones de Cali seguirán creciendo mientras la justicia sea laxa y se impida combatir ese delito. La indiferencia no puede ser la respuesta a una amenaza que puede ser devastadora para Cali y el Valle.

Hace dos años, El País registró el deterioro de la reserva natural más importante del Departamento. Mal contados, la extracción ilícita de minerales había abierto 421 socavones en esas montañas, se había desviado el curso de quebradas, el uso de mercurio amenazaba los nacimientos de agua que dan vida a 30 ríos, incluidos seis de los siete que bañan a Cali, y se ponía en riesgo la cuenca del Cauca.

La acción conjunta de las entidades ambientales locales, regionales y nacionales, así como la intervención de la Fuerza Pública con el batallón de alta montaña que patrulla la zona, le han dado un respiro a los Farallones. Hoy, la situación vuelve a ser crítica porque las soluciones definitivas no se dan y por la laxitud para castigar los delitos ambientales.

Es necesario reconocer que gracias a los controles impuestos desde entonces se ha logrado una reducción de los casos de extracción ilegal en la zona. En ello también ha incidido la presencia de las autoridades que se esfuerzan por recorrer las partes más importantes de este parque nacional que abarca 196.456 hectáreas, 13.000 de las cuales pertenecen a Cali.

Los resultados, sin embargo, quedan opacados cuando se sabe que ninguna de las 120 personas capturadas por practicar la minería ilegal en los Farallones sigue en la cárcel. Según el Jefe del Área Protegida del Parque, la mayoría ni siquiera llega a judicializarse y a los que sí, terminan libres en dos meses porque las penas por ese delito son irrisorias y las de crímenes contra el medio ambiente son excarcelables.

Por eso ven cómo a muchos no les importa que los capturen y vuelven de nuevo a sus actividades ilícitas. Esos son los muros del sistema judicial contra los cuales se estrella el éxito de la lucha por la conservación ambiental en Colombia, que debería ser una prioridad para un país que se precia de estar entre los más ricos en recursos naturales del mundo pero peca por tener unas leyes débiles a la hora de castigar a sus depredadores.

Si a ello se le suma el incumplimiento de los anuncios hechos para combatir la minería en los Farallones, el resultado se perfila funesto a futuro. Aún no se construye ninguno de los tres puestos de control que se proyectaron hace dos años para impedir el ingreso sin permiso a a la reserva natural. El compromiso del Municipio es tener listos dos de esos controles este año, pero aún no está asegurado el presupuesto para el tercero.

Mientras esos escollos siguen sin solucionarse, de nuevo se escuchan denuncias sobre presencia de mineros en la zona. Ello es grave, demuestra que los esfuerzos actuales son insuficientes y que serán inútiles si no se hace el trabajo de enfrentar a quienes atentan contra los recursos naturales y si no se hacen leyes que los castiguen con severidad. El resto será padecer las consecuencias del daño ambiental.

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