¿Contra el reloj?

¿Contra el reloj?

Noviembre 22, 2015 - 12:00 a.m. Por:
Elpais.com.co

El llamado del Primer Mandatario es una especie de “conclave” en el cual se encierren los negociadores y los países garantes, y del que no saldrán hasta tener el acuerdo definitivo. Ello indica que, según su percepción, se ha logrado construir la suficiente confianza entre las partes.

Al enviar a su hermano como delegado directo ante el jefe máximo de las Farc, el presidente Juan Manuel Santos puso de presente el interés suyo y de su gobierno por acelerar el acuerdo final. Lo cual indica que el proceso de negociación debería entrar en la recta de las definiciones y en la etapa de convencer a los colombianos para que acepten el resultado y las transformaciones que ello implica.El llamado del Primer Mandatario es una especie de “conclave” en el cual se encierren los negociadores y los países garantes, y del que no saldrán hasta tener el acuerdo definitivo. Ello indica que, según su percepción, se ha logrado construir la suficiente confianza entre las partes. Y lo que falta puede ser solucionado de forma rápida, resolviendo los puntos que quedaron pendientes, las diferencias que existen sobre la Justicia y la forma de aplicarla, y los dos últimos capítulos sobre desmovilización, entrega o dejación de armas y el final del conflicto.No obstante, del lado de las Farc parecen existir aún diferencias. Ya el jefe de su delegación lo reconoció en una entrevista otorgada a un diario español, donde expresó que el plazo propuesto por el presidente Santos en su visita a La Habana sólo empezará a correr cuando se logre el acuerdo definitivo sobre la Justicia. Es decir, y según alias Iván Márquez, aún falta mucho camino por recorrer.A todo ello hay que agregar las declaraciones del jefe de la delegación del Gobierno, quien afirmó que “ya es hora de terminar”. Al reconocer que la negociación ha tomado más tiempo de lo esperado, el doctor Humberto de La Calle instó a las Farc a dar un paso más en la confianza que se ha venido construyendo en el proceso, “el de reintegrarse a la vida civil”. Lo cual, según su apreciación, requiere de decisiones políticas de la guerrilla para creer en el compromiso del Gobierno en que les serán otorgadas las garantías suficientes para participar en política, a la vez que será creada la justicia transicional necesaria para “asumir las responsabilidades de todos los autores de graves crímenes, para reparar a las víctimas, para promover la verdad”. Según De la Calle, el sistema de Justicia que se acuerde “también debe servir como instrumento de reconciliación de los colombianos”.Y en el Congreso avanzan a todo vapor las iniciativas para refrendar el acuerdo final, y para definir los cambios que se le harán a la Constitución y a las leyes para dar vida a lo acordado en Cuba. Pese a que las Farc rechazan esos procedimientos e insisten en una Asamblea Constituyente, lo cierto es que la coalición mayoritaria, y el Gobierno mismo, están empeñados en sacar cuanto antes sus reformas.Y queda la Nación, que hasta ahora ha sido espectadora del proceso, no obstante que algunos voceros de las víctimas y del empresariado han pasado por la mesa de negociación. Es ella la que refrendará el acuerdo, según compromiso de las partes en La Habana. Por lo tanto, es a ella a la que deben convencer sobre las bondades de lo acordado, enterándola en profundidad del contenido para que pueda tomar la mejor decisión sobre el futuro de la paz en Colombia.

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