Colombia sin minas

Marzo 10, 2015 - 12:00 a.m. Por:
Elpais.com.co

"Retirar las minas que amenazan a combatientes y, sobre todo, a la población civil, es un imperativo moral. Tales artefactos, que han sido sembrados en los caminos, en zonas cercanas a las escuelas y a las viviendas campesinas, son un ataque terrorista e indiscriminado que la humanidad rechaza. Para infortunio de los colombianos, nuestro país ha sido clasificado como el lugar donde más minas hay en el mundo".

El anuncio de un acuerdo para desmantelar las minas que han regado las Farc en muchos municipios de Colombia es el primer hecho concreto sobre el llamado desescalamiento del conflicto. De lograr que se pase del papel a la realidad concreta será un aporte de grandes dimensiones para conseguir el respaldo de los colombianos a la iniciativa de paz.Retirar las minas que amenazan a combatientes y, sobre todo, a la población civil, es un imperativo moral. Tales artefactos, que han sido sembrados en los caminos, en zonas cercanas a las escuelas y a las viviendas campesinas, son un ataque terrorista e indiscriminado que la humanidad rechaza. Para infortunio de los colombianos, nuestro país ha sido clasificado como el lugar donde más minas hay en el mundo.Por eso es tan significativo el anuncio, que incluye la participación de Noruega. Cuando el acuerdo esté listo, serán los integrantes de la Fuerza Pública, acompañados por miembros de las Farc desarmados, los encargados de ubicar los campos minados y de desmantelarlos. Ese es un resultado concreto, que, según se ha indicado en fuentes oficiales, fue posible por la presencia de los oficiales de las Fuerzas Armadas en la mesa de diálogo de La Habana.Puede decirse que la decisión es el avance más notorio del proceso en los últimos meses. Y el más significativo para los colombianos que han padecido una amenaza traicionera, la cual ha hecho daño a miles de personas entre las cuales se cuentan niños y campesinos inermes. Ahora se espera que la colaboración de las Farc sea efectiva, ubicando los sitios donde han instalado las minas y aportando recursos para acabar con esa amenaza, que según conocedores costará doscientos millones de dólares. Y que las acciones que se adelanten no signifiquen la aceptación de un cese bilateral de fuegos, como lo han explicado los voceros del Gobierno en La Habana.De otra parte, el general Óscar Naranjo, ministro del Posconflicto y miembro de la comisión negociadora, estima en diez años el plazo para levantar las minas regadas en casi todos los municipios colombianos. Un plazo amplio, que podría abreviarse si la guerrilla, es decir las Farc y el ELN, acceden a entregar la información para elaborar los mapas precisos de los campos donde están instalados los artefactos. Si bien el ELN no tiene aún un proceso de dialogo establecido, su participación es necesaria para lograr el objetivo que se busca. De aceptarlo, ese grupo estará enviando un mensaje sobre su interés en negociar el final de sus acciones bélicas y su reintegración a la sociedad. Concertación difícil, que requiere ante todo la demostración del propósito de terminar la violencia contra los colombianos.Colombia sin minas antipersona debe ser un propósito irrenunciable. Por eso debe reconocerse en toda su importancia el acuerdo logrado en la mesa de diálogo que tiene su sede en Cuba. Así como es una decisión que da razones para creer en el proceso, también es un acto humanitario para defender la vida y la integridad de miles de personas no combatientes pero amenazadas por un enemigo agazapado y traicionero.

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