China estornuda

Agosto 18, 2015 - 12:00 a.m. Por:
Elpais.com.co

Por eso mismo, un freno como el que viven las exportaciones chinas en los últimos meses, uno de los responsables de la incertidumbre en los mercados, es causa de la decisión de las autoridades del gigante, que vive la paradoja de ser una economía de mercado manejada por un agente, el Gobierno.

No hace mucho, los expertos occidentales advertían que de todos los peligros que se ciernen sobre la economía mundial, el que más asusta es que el crecimiento del planeta dependa de China. El remezón que causó el Banco Central Chino la semana pasada, al hacer caer en un 3,5% el valor del yuan no hace otra cosa que confirmar esos temores. El impacto de ese movimiento aún está por determinarse. Solo se sabe que el estornudo del gran dragón trajo consigo, a la mejor usanza de los Estados Unidos, más de un resfriado en todos los continentes. Queda claro que la segunda economía del mundo pesa tanto como para causar ese tipo de efectos. Por eso mismo, un freno como el que viven las exportaciones chinas en los últimos meses, uno de los responsables de la incertidumbre en los mercados, es causa de la decisión de las autoridades del gigante, que vive la paradoja de ser una economía de mercado manejada por un agente, el Gobierno.Por eso, China sigue siendo un enigma. Por ejemplo, su mentado crecimiento del 7% encuentra incredulidad en la comunidad internacional. Hay quienes lo sitúan en 4% e incluso en 3.5%. Así mismo, realidades como el descenso de 8,3% de las ventas en el exterior en el mes de julio que acaba de pasar, frente al mismo periodo de 2014, resultan imposibles de maquillar. Y si ese es el panorama de puertas para afuera, el sostenido bajo producto interno bruto dedicado a la compra de bienes y servicios ayuda muy poco a que la dirigencia china pueda mostrar un equilibrio en su economía que le permita taparse los pies sin que la cabeza quede al descubierto. Todo ello puede ser objeto de un desmedido afán por alcanzar el papel de gran jugador, que ya lo es, pero también de decisiones apresuradas tomadas para afrontar los ritmos de un mundo cambiante. Solo basta ver cómo el excesivo gasto fiscal y la llave abierta de la liquidez abrieron paso a burbujas en la bolsa y en el sector inmobiliario, que explotaron abriendo nuevos desafíos para el gobierno.Por supuesto que China sabrá encontrar la salida a esos retos. El mayor acreedor de los Estados Unidos, por encima de los 1,2 millones de millones de dólares, debe adaptarse a ese mundo capitalista que durante tanto tiempo le resulto adverso y extraño y en que ahora incursiona a tropezones. Sabe que necesita de nuevos mercados. De hecho, ya hace por ellos, a punta de investigación e innovación.Si hay dudas al respecto, vale citar que entre 2001 y 2014, China aumentó su presentación de patentes ante la oficina respectiva de Estados Unidos en un 2.889%. Aunque en la misma medida deberá mejorar en términos de equidad interna, que debe reflejarse en mayor consumo, como en el cuidado del medio ambiente y en seguridad industrial. La reciente catástrofe de Tianjin, que ya deja más de un centenar de muertos y daños colaterales inestimables, pone en entredicho esa capacidad. Sin embargo, por encima de tantas circunstancias negativas del presente, el Dragón tiene cómo -y sobre todo con qué– decir muchas cosas al mundo, en especial en materia económica.

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