¿Batalla sin final?

Julio 31, 2012 - 12:00 a.m. Por:
Elpais.com.co

Es entonces cuando los colombianos expresan su preocupación ante lo que parece ser una guerra que no acabará mientras exista la demanda que genera la riqueza con la cual se financia la violencia. Y muestran su escepticismo al expresar que será imposible ganar esa guerra, mientras la estrategia se concentre en el aspecto militar, dejando para después el desarrollo social y económico, necesarios para ofrecer a la gente oportunidades distintas a la ilegalidad y la pobreza.

Conocidos los informes de la Organización de Naciones Unidas y del gobierno de los Estados Unidos sobre los narcocultivos en Colombia, a nuestra nación le quedan sentimientos encontrados. Pero ante todo queda la sensación de que el narcotráfico y su inmenso poder como generador de corrupción y de violencia es un enemigo difícil de combatir y casi imposible de derrotar.Según la ONU, los cultivos ilícitos en nuestro país crecieron un 3% en el último año, llegando a las 64.000 hectáreas. Por su parte, el informe del gobierno estadounidense afirma que el área sembrada está en 83.000 hectáreas, 17.000 menos que las registradas por sus sistemas de información en el 2010. Si bien hay una gran disparidad, lo cierto es que las estrategias aplicadas por Colombia obtuvieron resultados importantes que también se reflejan en la cantidad de cocaína producida y en el número de toneladas capturadas por las autoridades nacionales.Sin embargo, las cifras también demuestran la capacidad que aún conservan las organizaciones criminales para explotar el negocio. Y, sobre todo, su capacidad para causar daños irreparables a la sociedad, como el homicidio, el desplazamiento forzado y el surgimiento de confrontaciones sangrientas por el dominio de las rutas y de los cultivos. Son grupos encabezados por las Farc y el ELN, y seguidos por las bandas criminales que conocen las ventajas estratégicas que brindan el mar Pacífico y las selvas del Amazonas, del Catatumbo y del Caquetá.Las consecuencias las sigue pagando el sur de Colombia, donde los departamentos de Nariño y Putumayo se destacan por incrementar las hectáreas dedicadas a los narcocultivos, según el informe de la ONU. Dentro de ese análisis llama la atención que en el suroccidente del país se concentre el 48% de la producción total de coca, marihuana y amapola. Esa realidad sirve para explicar por qué el conflicto se concentra en la región de la cual el Valle forma parte y Cauca es protagonista de primer orden. Y para entender una de las principales causas del drama que padecen Tumaco y los municipios vecinos al Pacífico o al Ecuador.Para combatir el desafío del narcotráfico, el Estado colombiano ha hecho un enorme esfuerzo en materia militar y de erradicación, cuyos frutos se ven en la reducción de la producción y en los reconocimientos que expresan las autoridades internacionales. Es el resultado de décadas de perseverancia. Sin embargo, detrás de ello queda el agridulce sabor que deja el daño que los criminales le han causado al tejido social y las enormes carencias que padecen los habitantes del Cauca, del Putumayo o de Nariño.Es entonces cuando los colombianos expresan su preocupación ante lo que parece ser una guerra que no acabará mientras exista la demanda que genera la riqueza con la cual se financia la violencia. Y muestran su escepticismo al expresar que será imposible ganar esa guerra, mientras la estrategia se concentre en el aspecto militar, dejando para después el desarrollo social y económico, necesarios para ofrecer a la gente oportunidades distintas a la ilegalidad y la pobreza.

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